Mostrando entradas con la etiqueta 8 de octubre de 1879. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 8 de octubre de 1879. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de julio de 2011

Miguel Iglesias y la Reconciliación Nacional

Por: Juan Carlos Flórez Granda (*)

 “…Más tarde hice reconocer la clase de general a Iglesias, quien se encontraba ya en Cajamarca, lugar a donde le envié los respectivos despachos con emisario especial. Muchos años después, cuando Iglesias volvió a Lima, fuimos buenos amigos. En nuestras pláticas no tocamos nunca nada relativo a Ancón…”[i] (Andrés A. Cáceres)

A propósito de la traslación de los restos del general Iglesias a la Cripta de los Héroes y los distintos pronunciamientos de algunas instituciones y medios de comunicación me llevo a preguntar si realmente tenemos la suficiente madurez y conocimiento de los hechos ocurridos durante la pasada guerra de 1879.

Mi intención no es juzgar la actuación histórica de un personaje como Miguel Iglesias sino analizar someramente el contenido de las airadas protestas, en cierta forma, injustas y con matices de preocupante intolerancia.

La palabra traidor, felón y cualquier otro calificativo, es comúnmente utilizada en historia cuando se quiere descalificar a un personaje sin base alguna. Cualquier historiador serio no lo emplearía si en este no hubieran suficientes pruebas fehacientes del hecho ocurrido. Además existe en nuestro lenguaje una riqueza de calificativos mucho más apropiados. En el caso de Iglesias, es utilizado hoy con rauda ligereza por cierto sector que se siente agredido, afectado o impotente de poder sustentar un contexto histórico, estando más preocupados o fanatizados en cuidar la imagen de otros personajes con una devoción que linda en lo religioso, por el hecho de haber tenido alguna vez rivalidad política.

En este contexto no puedo llegar a entender cómo Cáceres llegó a entablar amistad con un supuesto “traidor” o “felón”, como califican los  detractores de Iglesias. Es tan impensable como ver a respetadas personalidades actuales entablar una muy buena amistad con asesinos, espías o narcotraficantes. Eso originaría la descalificación moral de toda la sociedad hacia la persona quien entabla amistad con este tipo de gente.

Es por ello que me inclino a creer que el mismo Brujo de los Andes tuvo la tolerancia, madurez y suficiente inteligencia para respetar posiciones antagónicas y entablar una buena amistad con su otrora rival político.

El ejército peruano ha rendido innumerables honores al general Iglesias. Tengo en mi colección un retrato del general Miguel Iglesias en un calendario de los años 60’s junto a otro personajes como Grau, Castilla, Olaya, Melgar, Bolognesi y el mismo Cáceres. Sin duda como un homenaje póstumo a su vida y trayectoria. Comprobamos también que Iglesias fue Presidente Nato de la Benemérita Sociedad Fundadores de la Independencia en 1885 al igual que Andrés A. Cáceres Dorregaray en 1886. Es ejemplar cómo esta institución patriótica se mantiene al margen de las pasiones políticas y acusa un conocimiento histórico objetivo y real de cada personaje de la vida republicana.

El Morro Solar cuenta con un monumento a un Miguel Iglesias mirando hacia Chorrillos donde realmente lo defendió y no en el Morro como erróneamente nuestra historia hace énfasis, inaugurado durante la época del general Manuel Odría, siendo alcalde el historiador Evaristo San Cristobal. En una de las placas de bronce robadas hace unos años indicaba que era el “…Homenaje del Ejército del Perú y la municipalidad de Chorrillos al general Miguel Iglesias.  Valiente soldado de la Guerra del Pacífico…”

Si seguimos buscando en los archivos del Congreso de la República encontraremos que en 1928, durante el gobierno de Augusto B. Leguía se ordenó colocar en el sitio más conveniente la estatua de Miguel Iglesias con el fin de perpetuar su memoria[ii].  En 1943 se creó el distrito “Miguel Iglesias” en Celendín[iii] y en la década del sesenta, en Cajamarca un colegio militar con el nombre “Miguel Iglesias”[iv].

Es paradójico que con todos estos homenajes, monumentos, centros y lugares en memoria de Miguel Iglesias a través de nuestra vida republicana, sin contar con calles en su nombre, algunos levanten su voz de protesta tildándolo de traidor, felón y cuando calificativo existe sin más base que defender una posición políticamente apasionada, descontextualizando los hechos históricos en un tiempo referido y juzgándolo según los ojos del presente.

El Perú estaba en 1882, durante la campaña en la sierra, totalmente fraccionado. El país seguía a varios caudillos, dividiéndose las partes en Norte, Centro y Sur. La guerra interna era obvia. Unos eran partidarios de la paz, otros de continuar la guerra. Ambos pensamientos buscaban lo mejor para el país pero ese afán caudillista, egoísta o como se quiera entender, fue el detonante para que todos estos personajes no sean capaces de anteponer sus intereses personales frente a los del país y ponerse de acuerdo, arrastrando hasta hoy los mismos vicios. Seguimos echándonos la culpa entre peruanos y buscando mil excusas para justificar lo injustificable de lo ocurrido. En otras palabras no abrimos los ojos y no aprendemos de nuestro pasado. Y lo peor de todo es que en ese afán de descalificar al rival político nos remitimos a fuentes chilenas para cumplir ese objetivo con un peruano. De ahí surgen pues las desgraciadas frases políticas en plena guerra “primero los chilenos que a Piérola”. Es decir, a ese tipo de degradación llegan algunos peruanos con tal de descalificar a un rival en plena guerra.

Si me preguntaran cuál es mi opinión al respecto de Iglesias, respondería que no fue traidor.  Tampoco me parece justo que solo un grupo de oficiales sean trasladados a la Cripta de los Héroes. Tanto Iglesias, Cáceres y muchos combatientes que no están aun en este recinto han reunido y reúnen méritos suficientes por sus servicios en la defensa del Perú. Han tenido sus aciertos y desaciertos pero es totalmente injusto que se excluya de este recinto a los miles de soldados que, sin rango alguno dieron todo por el Perú. En vez de una cripta debería existir un camposanto como el cementerio estadounidense de Normandía, o el de Arlington y no estar rasgándonos las vestiduras fanatizándonos e insultando a cuanto personaje haya que no comulgue con las ideas del otro, pero a los detractores no les interesa eso.

A todo esto viene otra pregunta: ¿Los peruanos estamos preparados para una verdadera reconciliación?

El presidente electo Ollanta Humala declaró durante la entrega de sus credenciales:

"Asumiendo formalmente hoy la condición de Presidente electo de Perú, quiero reiterar el compromiso de ser el presidente de todos los peruanos y peruanas, y que mi gobierno aspira a reconciliar el país"[v]

Es de suma urgencia que en esa reconciliación también se incluya la objetividad histórica, construyendo un país de todas las sangres y no la mediocridad que aun nos polariza históricamente en una eterna lucha entre negros, blancos, mestizos, indios, chinos y cuanta combinación exista. Debemos de aceptar nuestra historia, sea buena o mala, aprendiendo de los errores y entendiendo nuestras culturas. Desde el momento que la aceptemos sin matices políticos, apasionamientos ni fanatismos y respetemos las distintas culturas que existen en nuestro país, es entonces que recién creceremos como nación unida.


(*) Director de la Sociedad de Estudios Históricos Coronel Arnaldo Panizo

 


[i] La Guerra entre el Perú y Chile 1879-1883. Extracto de las Memorias de mi vida Militar. Tomadas al dictado y recopiladas por Julio C. Guerrero. Editora Internacional. Buenos Aires 1924.
[ii] Ley No. 6075
[iii] Ley No. 9818
[iv] Ley 15550
[v] Periodista Latino.com 24 de junio del 2011. http://www.periodistadigital.com/inmigrantes/vida-cotidiana/2011/06/24/ollanta-humala-presidente-electo-peru-credenciales.shtml

jueves, 4 de febrero de 2010

Testimonio del Combate de Angamos.

Mucho se ha escrito sobre Miguel Grau y su heróica hazaña de mantener en jaque a toda la escuadra chilena durante 6 meses utilizando solo un pequeño blindado fabricado en los artilleros de la casa  Laird & Brothers, en el año 1864.  La historia legendaria del "Huáscar" y su recordación se le debe a dos de sus comandantes: Luís Germán Astete quien el 29 de mayo 1877 se enfrentó a los navíos ingleses "Shah" y "Amethyst", en el denominado "Combate de Pacocha", sacando a relucir la gran maniobrabilidad del buque, y Miguel Grau Seminario durante la campaña naval de 1879 hasta el combate de Angamos, contra la escuadra chilena.

El "Huáscar", ya en manos chilenas careció de un comandante con suficiente brío para emular la pericia de estos dos grandes marinos peruanos, sobre todo con Miguel Grau. Una vez muerto, la tripulación actuó a la medida de las circunstancias con comprobado heroísmo hasta que ya no pudieron hacer nada para evitar la toma de este blindado sin ser rendido. Me atrevo a decir que el "Huáscar" murió con Grau, quedando solo el recuerdo y su legendaria fama.

A principios de enero del 2010 estuve digitalizando el archivo de la Benemérita Sociedad Fundadores de la Independencia (BSFI), y encontré en el Libro de Actas de 1935, el relato de un conocido héroe sobreviviente que sirvió en el buque como guardiamarina: El Sr. D. Manuel Elías Bonnemaison. La riqueza de su relato nos transporta, como lo hizo con el escribano de la BSFI, a los hechos mismos del 08 de octubre, sacando a relucir detalles que nunca antes, al menos en los libros que he leído, se habían dado a conocer.
Creo que el documento enriquece y aporta más luces sobre lo ocurrido ese día. Aquí parte de la transcripción, la cual he respetado todas las puntuaciones.


Sesión de Junta General Ordinaria del Sábado 5 de Octubre de 1935.
Presidencia del Sr. General Juan M. Zuloaga

Orden del Día:

Una vez en esta estación, el señor General Presidente anunció que el distinguido miembro activo de la sociedad Sr. D. Manuel Elías Bonnemaison, defiriendo a invitación de la presidencia, haría el relato del combate de Angamos, al que tuvo el honor de asistir en calidad de Guardiamarina del legendario “Huáscar”.

Ocupa la tribuna en medio de calurosos aplausos, el Sr. Elías Bonnemaison, quien da comienzo a su relato expresando que recoge este espontáneo aplauso como un laurel más que agregar a la corona inmarcesible del Almirante Grau cuyos actos de supremo heroísmo le han llevado, a partir del 8 de Octubre de 1879, al pináculo de la gloria donde ocupa sitial propio y preferencial al lado de los más grandes y esforzados guerreros del Perú. Grande entre grandes, héroe entre los héroes, el recuerdo respetuoso de la memoria del Almirante Grau es – dice – la más acertada forma de rendir homenaje a sus virtudes gloriosas.

Agradece luego, el Sr. Elías Bonnemaison, la invitación de la presidencia que le permite ocupar la tribuna de la sociedad, tantas veces enaltecida, y que, por estar dedicada a la exaltación perenne de nuestro pasado histórico – tan pródigo en hechos admirables – como enseñanza para el futuro, es la tribuna más apropiada para describir la epopeya que tuvo a Punta Angamos por escenario, y por figura central al Almirante Grau y su débil y valiente Monitor símbolo del alma nacional en aquellos angustiosos momentos.

Dijo no traer documentación alguna, como no sea la que proporciona la memoria, en la que han permanecido fuerte e indestructiblemente grabados cada uno de los detalles de la campaña del “Huáscar” y su culminación excelsa; tan grande fue la impresión de aquellos actos presenciados en la adolescencia, casi en la niñez, como un deslumbramiento que, en vez de amenguar se acrecienta con el correr de los años, cuando al calor de la reflexión madura adquiere sus verdaderos caracteres de imponente grandiosidad.

Sin hacer discurso ni conferencia – dijo – solo quiero esbozar un simple relato del término admirable de la campaña del “Huáscar”, la que, a pesar de ser tan corta, llena sin embargo, tan grande espacio en la historia y en el tiempo.

El 26 de setiembre – dice el Sr. Elías Bonnemaison – se embarcaba en Arica el Almirante Grau, para lo que iba a ser la última de sus expediciones. Había recogido ya las últimas instrucciones del Director de la Guerra, y los que estuvieron cerca de él en aquellos instantes le oyeron repetir frases que constituían un enigma. En efecto, el Almirante, que tenía la costumbre de pensar en alta voz, decía una y otra vez, “Que yo no quiero gloria!, Qué locura!”. Palabras estas que habrían de ser descifradas más tarde, cuando fue posible conocer las circunstancias que rodearon el postrer y fatal viaje del “Huáscar”.
Detalla el Sr. Elías Bonnemaison las alternativas del recorrido del Monitor, que acompaña primero al Rímac hasta Iquique y forma luego convoy con la “Unión” con la que sigue rumbo a la aventura, como tantas otras veces, hasta el 4 de Octubre, que recala cerca de Coquimbo.

Explica el estado de ánimo de los tripulantes y oficialidad, al conocer que el buque se acercaba a los puertos más fuertes y mejor guarnecidos del enemigo, sin que las condiciones en que navegaba le permitieran afrontar con éxito, con el mismo éxito de otras oportunidades, el riesgo de un encuentro serio. Circunstancia esta que permitía suponer, casi con certeza, el propósito deliberado del Almirante Grau de ofrendar al país la gloria que de él se reclamaba, aún a costa del sacrificio de su barco y de sus compañeros, en los que no alentaba otro impulso que la obediencia ciega a su comandante y el anhelo de ofrendar sus vidas por la patria.

Continúa refiriendo el arribo a Coquimbo, el 6 de Octubre, después de haberse detenido en las afueras del puerto, para reparar una avería en la maquinaria del Monitor y trasbordar combustible de la “Unión”. Manifiesta cómo después de haber abandonado Coquimbo, se arribó a Tongoy, lugar este donde el Almirante recibió informes insidiosos respecto al estado de la escuadra chilena, que la hacían aparecer momentáneamente debilitada.

Explica que el día 7 de Octubre, después de haberse reparado una nueva descompostura en la máquina del monitor, entró el convoy al puerto de Antofagasta, de donde salió a las cuatro de la mañana del 8, avistándose a poco tres humos, que se creyó fueran de los barcos adversarios “Blanco Encalada”, “Covadonga” y “Cousiño”.

El “Huáscar” emprende entonces marcha forzada, con gran desgaste de su maquinaria, que perdía enorme cantidad de vapor y estaba expuesta a explotar de un momento a otro.
Desde aquel momento, declara, ya estaba trazada la disyuntiva: Escapar a la persecución o sucumbir.

“Se gana terreno visiblemente – añade – y la 1ª. División enemiga va quedando al sur, cuando se avistan otros tres humos, que se supone – a estar a las informaciones proporcionadas al Almirante en Tongoy – ser de los transportes que se decía navegaban convoyados por el “Blanco”.

A poco se advierte el error viéndose que se trata de la 2ª. División de la escuadra chilena, que encabeza el “Cochrane”. Era ya el instante supremo y se ordena el toque de “zafarrancho de combate”. Y es entonces, dice el Sr. Elías Bonnemaison, que interviene un factor que, si bien personalmente, me resisto a admitir, precisa reconocerle a veces aciaga influencia. – Es la fuerza del destino. – Ese algo impalpable que trueca a capricho todas las posibilidades y escapa a todas las presunciones. – Es así como, al toque de combate, se dispone una maniobra repetida a diario sin interrupción: El cambio de timón de comando por el combate – gobernado éste desde la torre –; cambio que se hacía con aparejos. – Sucede lo inesperado. Se rompe un aparejo y el buque, por el momento sin gobierno, va perdiendo gradualmente la ventaja alcanzada, y la distancia que separaba al “Huáscar” de la 1ª.División se reduce velozmente, de 4000 á 2000 metros. Se estrecha más y más el cerco y el Almirante Grau da la orden definitiva, de afirmar el pabellón y dar los primeros disparos.

Eran las 9 de la mañana del 8 de Octubre.

“El “Cochrane”, seguro de su blindaje, avanza hasta ponerse a 500 metros para romper sus fuegos con efectividad tremenda. El Almirante Grau, con el busto fuera de la Torre, da sus órdenes con voz entera y serena. – Está ya inutilizado el cañón de la derecha, cuando una granada penetra a la torre y materialmente barre a todos sus ocupantes. Del Almirante Grau solo queda, como postrer despojo, el fragmento de una de sus piernas. – Asume el mando el Teniente Rodríguez, e intenta, como recurso desesperado, espolonear al “Cochrane” y hundirse con él; pero esta maniobra es evitada, merced a las mejores condiciones marineras del “Cochrane”, y el “Huáscar” solo roza sus flancos para recibir al paso terrible y devastadora carga.

Cesa breves instantes el cañoneo y el teniente Rodríguez advierte que el pabellón del barco ha caído, por efecto de la rotura de las drizas. Pide un voluntario para reponerlo y el marinero Massé cumple la orden, restaurando el pabellón y arrancando, con ese acto, un sonoro “viva el Perú.

Prosigue el despiadado ataque y el “Huáscar” es blanco de todos los buques adversarios. El teniente Aguirre recibe terrible herida en el vientre y no hace otra cosa que abrocharse la levita y diciendo “no es nada” continúa en su puesto hasta caer exánime. El Teniente Palacios le imita y el teniente Ferré es volado cuando se le conducía a la enfermería. – Ya ni asistencia médica es posible prestar. – El Dr. Távara, herido, el Dr. Rotalde y el practicante Canales solo quieren ya cumplir con su deber de peruanos y empuñan rifles para sumarse a los defensores del Monitor. Este, sin gobierno, da vuelta locamente y describe giros y hace embestidas fantásticas que podrían tomarse por la agonía de un titán.

La tragedia llega a su fin. El Teniente Garezón reúne a los oficiales sobrevivientes y se decide hundir el barco, ordenándose que las válvulas sean abiertas. – Se detiene el buque y entonces es abordado por lanchas de los barcos contrarios, cuando solo 35 tripulantes, de los 204 del Monitor, permanecían indemnes y ya carentes de armas para la defensa, pues todas las existentes abordo habían quedado inutilizadas. – Los elementos de previsión traídos por el enemigo impiden el hundimiento del “Huáscar” que va a ser varado en Mejillones, para ser exhibido después como mudo ejemplo de cumplimiento de deber militar.

Lee, para confirmar estas frases, la descripción que un corresponsal chileno hace del estado desastroso, horripilante por lo sangriento, en que quedó el “Huáscar” con su carga gloriosa de cadáveres, de moribundos y malheridos.

Recuerda que el Teniente Garezón dejó constancia que el “Huáscar” permanecía al tope al ser abordado, y glosa las frases admirativas que, al contemplar a los jóvenes oficiales sobrevivientes en la cámara del “Cochrane” pronunciara un oficial chileno, diciendo: “¡ Y estos niños son los héroes del “Huáscar”; los que nos han tenido en jaque durante tantos meses!”.

Para terminar, dice, cabe, no hacer un elogio – que bastante han sido hechas con estricta justicia – sino rendir homenaje respetuoso a todos los que cayeron en la acción, alcanzando la inmortalidad por el valor de su patriotismo. Y cabe también afirmar que no hubo un momento de indecisión, un rasgo de debilidad a bordo del “Huáscar”. Todos sus tripulantes fueron dignos del ejemplo de su Comandante y oficiales.

Recojámonos – expresa – “en el recuerdo de la bravura de esos hombres que es la de todos los marinos y soldados del Perú, pues soy de los que creen que en cada uno de nuestros marinos hay un Grau y en cada soldado un Bolognesi. Y, para no prolongar este momento de emoción, en el que siento agitarse y conmoverse las fibras más íntimas de mi alma, con mi invocación a los que el 8 de Octubre de 1879 merecieron bien de la Patria, yo ruego que, puestos en pié, les tributemos el homenaje de nuestra veneración y recuerdo”.

En pié, por breves instantes, los señores socios tributaron el emocionado homenaje sugerido por el Sr. Elías Bonnemaison, quien fue después larga y entusiastamente aplaudido.

El Sr. General Presidente expresó que el Sr. Elías Bonnemaison acababa de hacer, con la elocuencia de su verbo y la autoridad de su palabra, vívido relato de la campaña del “Huáscar”, haciendo renacer la emoción, sin paralelo, que agitó al país, el seguir anhelante las proezas del legendario barco y su intrépido Comandante.

Nadie con mayor autoridad que él – dijo – podría rememorar aquellos hechos, puesto que, subordinado de Grau en sus años juveniles, fue actor con ellos haciéndose acreedor al respeto y admiración de las nuevas generaciones, que miran en él al paradigma del honor y del deber del marino educado en la escuela de Grau, el inmortal.

Al agradecerle su valioso concurso en esta actuación consagrada al recuerdo de los hechos memorables que elevaron al “Huáscar” y sus tripulantes al pináculo de la gloria, presento al compañero distinguido, al sobreviviente del legendario Monitor, las congratulaciones más efusivas a nombre de la Benemérita Sociedad Fundadores de la Independencia.