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sábado, 16 de mayo de 2009

Hallazgo del Cañón "Dahlgren" de Miraflores

Por: Juan Carlos Flórez Granda(*)


A principios del mes de mayo del 2009, mientras se realizaban las obras de excavación para la construcción de un edificio en la cuadra 4 de la avenida Shell en Miraflores, obreros de construcción encontraron una gran pieza de metal que por sus características se podía determinar a primera vista que era un cañón de grueso calibre. Algunos medios de prensa informaron sobre este hallazgo. El INC tomó cartas en el asunto y determinó su traslado provisional, en coordinación con las autoridades de la Municipalidad de Miraflores, al parque Reducto No.2
Según se desprende de lo informado periodísticamente, se afirmaba que este cañón era anterior a la pasada guerra con Chile, escenario donde se desarrollo la batalla de Miraflores el 15 de enero de 1881.

Se sabe por documentación de la época y partes oficiales que la línea de Miraflores estaba apoyada en su derecha por la Batería de costa denominada “Alfonso Ugarte”, compuesta por dos cañones “Rodman” de 125 libras y dos “Parrot” de 100 libras. Los modelos de cañones no correspondían al tipo de cañón encontrado pero se sabía también que, entre los Reductos Nros. 1 y 2, tras sus líneas se colocó un cañón de grueso calibre a la entrada del pueblo de Miraflores.

Esta pieza era un “Dahlgren” de 175 libras y tuvo una participación activa durante la batalla del 15 de enero. A la pérdida de la batalla el ejército chileno tomó este cañón y lo registró fotográficamente antes de volarlo, tal como hicieron con otros cañones.

Rudolf Le Lisle fue un teniente de la Marina Inglesa que vino al Perú durante la guerra en diciembre de 1879, permaneciendo toda la campaña hasta poco después de la ocupación de Lima. En su estadía y tiempo libre logró estampar, algunas con cruda realidad y otras con arte, distintas secuencias de las batallas realizadas. Entre estas, registró en acuarela el cañón “Dahlgren”, ya volado por los chilenos a la entrada de Miraflores.

El cañón Dahlgren, invento del marino estadounidense John Dahlgren estaba forjado en hierro fundido. Para su elaboración se utilizaba un molde interior enfriado con agua bajo el sistema creado por el capitán Thomas J. Rodman, de esta forma la superficie interior del ánima se solidificaba rápidamente mientras el resto de la masa exterior lo hacía lentamente logrando por compresión, un metal de alta calidad resistente a altas temperaturas y presión a la hora de disparar.
El diámetro del ánima era de 11 pulgadas y su correspondencia era una bala lisa de 175 libras. La forma exterior ovalada era característica en estos cañones y haciendo las mediciones del caso en el cañón encontrado en la excavación, sumado a fotografías y acuarelas de la época, se logra establecer con exactitud que ese cañón fue el Dahlgren que estuvo ubicado en las puertas de Miraflores durante su defensa.

Conversé con el residente de obra sobre los pormenores del hallazgo y me indicó que este se encontró a unos 4 metros de profundidad y bajo un contexto disturbado, es decir que alrededor había basura, tierra removida y escombros de una anterior construcción. Esto nos hace suponer que este cañón de casi 8 toneladas (16,000 libras) alguna vez ha sido desenterrado y vuelto a enterrar dentro de un radio de 50 metros muy cercano a su posición original, ya que los registros históricos nos indican una posición muy cercana a este.
Para los interesados en ubicar el punto exacto del cañón lo pueden marcar bajo las siguientes coordenadas: 12º 07’ 24.9” S - 077º 01’ 39.2” W

Es de resaltar la importancia de este cañón y su rescate y puesta en valor ya que es uno de los pocos vestigios de la heroica defensa que hizo la población de Miraflores.
Completamente identificado, como se ha demostrado, este cañón debería ser restaurado en su totalidad y exhibido en una plaza pública central del distrito de Miraflores como símbolo histórico de resistencia de todos los peruanos que dieron, unos sus vidas y otros su ejemplo, para defender nuestro territorio frente a cualquier amenaza externa y sobre todo para no olvidar a esos grandes peruanos de la batalla del 15 de enero de 1881.


(*) Publicista e Investigador de la Guerra del Pacífico
Director de la Sociedad de Estudios Históricos Coronel Arnaldo Panizo

martes, 26 de junio de 2007

La Ocupación de Lima


Luego de las batallas por Lima, en la Guerra de Chile contra el Perú, el general Baquedano pactó con el alcalde limeño Rufino Torrico para la entrega de la capital peruana con la consiguiente ocupación por el ejército vencedor. Debido a que se preveía un enfrentamiento con el pueblo limeño, Baquedano eligió a los cuerpos más disciplinados, entre los que estaban los regimientos ¨Buín¨ 1° de Línea, Zapadores, Batallón ¨Bulnes¨, una brigada de artillería de campaña y los regimientos de caballería ¨Cazadores¨ y ¨Carabineros de Yungay¨.

Según Vicuña Mackena en su ¨Carta política¨, consigna que ¨...a las 4 de la tarde (del 17 de enero de 1881) empezó a entrar a Lima una parte escogida del ejército chileno, Lima parecía en ese momento un cementerio, nadie salió a las calles, salvo algunos extranjeros curiosos¨. La tristeza ciudadana era natural, por ello, las bandas del ejército chileno no tocaron, además de no despertar con sus acordes, alguna reacción patriótica en el pueblo. En cuanto al número de invasores que ingresaron, el tradicionalista Ricardo Palma, en sus ¨Cartas inéditas¨ nos cuenta que ascendió a 4,000 y lo hicieron ¨...con el mayor silencio¨; en la Plaza de Armas concluyó el desfile. En los días posteriores, los chilenos llegaron a 13,000,

Uno de los actos más dolorosos para el Perú fue el izamiento de la bandera chilena en los principales edificios, pero al lado de esta, también aparecieron emblemas de muchos países en diversos inmuebles, como símbolo de neutralidad, esto debido a que Lima era una ciudad que en su parte más céntrica, concentraba gran cantidad de comerciantes, la mayoría extranjeros, de tal forma que ellos exhibieron su emblema como señal de neutralidad.

La distribución de los diferentes cuerpos de ejército, se dispuso en los cuarteles de la capital y al no ser suficientes, se utilizaron otros locales del estado, como la Biblioteca Nacional, la Escuela de Ingenieros y el Palacio de la Exposición, además de las haciendas de los alrededores de Lima.

En un primer momento el comando chileno optó por tener acuartelada a la tropa, según Hipólito Gutiérrez en su ¨Crónica de un soldado de la Guerra del Pacífico¨, comenta que ¨...nos llevaron para Lima a un cuartel llamado Santa Elena. Ahí nos tuvieron acuartelados sin puerta franca. Como a los 8 días nos empezaron dar puerta franca...¨. El encierro a que fueron sometidos debió provocar insatisfacciones, puesto que todos pensaban descansar y gozar de placeres en la capital peruana.

Respecto a la población, ésta adoptó una actitud de reserva, de encierro. Según ¨El Heraldo¨ N° 174, ¨Lima está todavía como en viernes santo. No corre sino uno que otro carruaje; los carros del ferrocarril sin caballos...las tiendas cerradas y muchas casas como si acabara de morir el dueño...¨.

Según Gonzalo Bulnes en su ¨Guerra del Pacífico¨, dice que ¨...la sociedad limeña pasaba su tiempo encerrada en sus habitaciones, viendo pasar por entre los bastidores de sus ventanas esos uniformes odiados que le recordaban el deudo muerto, el hijo o el amigo ausente en el interior, sufriendo penalidades por seguir a un caudillo que les ofrecía una victoria segura. Todo era mustio y triste en Lima. Sus damas de distinción, las representantes de su aristocracia de nobilísimos blasones, no salían de su domicilio sino para ir a las iglesias el domingo y solamente allí se las veía desfilar, envuelto y casi cubierto el rostro con sus mantillas, como una protesta de aislamiento contra los invasores. La vida social estaba suspendida por completo. Ni teatros ni fiestas. En los hoteles y restaurantes dominaban los oficiales chilenos, a los cuales vigilaba severamente el General en Jefe¨.

Consolidada la ocupación, los invasores se apoderaron de las rentas del Municipio, se llevaron valiosas estatuas de los paseos públicos, así como cañones de la fortaleza del Callao y saquearon diversos establecimientos públicos y privados como la Biblioteca Nacional, la Universidad de San Marcos, la Escuela Militar, la Escuela de Artes y Oficios, el Colegio Guadalupe, el Palacio de la Exposición, el Jardín Botánico, etc.

Hubo un retraimiento que reflejaba lo difícil de la convivencia con el invasor. Ya que no se podía abandonar Lima, se recurría al vacío, destacándose el estado en que quedó la población masculina: heridos en cantidades que fueron atendidos en sus propios hogares, tanto por no haber sitio en los hospitales o enfermerías, cuando por evitar que los chilenos puedan conocer los nombres de todos los que participaron en las luchas y tomar represalias. Se buscaba en lo posible mantener el secreto.

Ante algunas violaciones y abusos de la soldadesca chilena contra las mujeres limeñas, la población respondía asesinando a los culpables, pero ante la fuerza de las armas enemigas por vengar la muerte de sus paisanos, muchas veces eran fusiladas personas inocentes. El 12 de marzo de 1881, fue muerto el orate llamado Cabo Cruzate en la esquina denominada Campanas; el 28 de marzo del mismo año hubieron dos ejecuciones en la plazuela de San Lázaro.

Según el diario ¨La Situación¨ en su número 109, en los primeros días de setiembre de 1881, cinco soldados chilenos ingresaron a la hacienda de Chavarría, cercana a Lima, en donde robaron y cometieron otros escandalosos crímenes; los agredidos mataron a los cinco chilenos. El tribunal militar nombrado, mandó tomar presos a todos los vecinos, pero los que en justa defensa mataron a los soldados chilenos, ya habían fugado. Al no haber testigos que declarasen, los invasores escogieron como víctimas a los arrendatarios y administradores del fundo y fueron condenados a muerte; el tribunal acordó además condenar a los citados reos, a la pena de confiscación de sus bienes, esta sentencia fue dictada el 29 de setiembre por Estanislao del Canto, J. León García, Diego A. Donoso y Julio Centeno.

Ese mismo día fueron sorprendidos varios sujetos cuando desenterraban cañones en Piedras Gordas, dos de ellos fueron fusilados. El 20 de julio de 1882, corrieron la misma suerte dos limeños en la plazuela de la Salud, tras el ¨quinteo¨, es decir, en los lugares que los chilenos querían dar un escarmiento, tomaban prisioneros a 5 peruanos y luego de un sorteo, fusilaban al que salía elegido. Este medio represivo fue muy cuestionado por miembros de los cuerpos diplomáticos acreditados.

La ocupación de Lima por las tropas invasoras, trajo muchas penalidades a la población, hasta que una mañana de agosto de 1884, el asta colocada en la Plaza de Armas amaneció sin la bandera chilena. Esa mañana habían desaparecido los chilenos de la capital, por ello la gente corrió la voz y comenzó a congregarse en el lugar. Las llaves de la puerta del Palacio, habían sido dejadas en la estación del tren.

A las 10 de la mañana entró una compañía de soldados peruanos, deteniéndose frente a Palacio, lugar al que penetraron; más tarde se supo que buscaban una bandera del Perú, no encontrándola ya que todos los emblemas se habían convertido en trofeos de guerra. Para entonces se había acercado un representante de la Municipalidad de Lima, recordando que tenía una bandera peruana oculta en un falso techo.

Luego de varios minutos de búsqueda, salieron del local edil, un oficial, 8 soldados y los representantes de la comuna, llevando una gran bandera plegada. Era la única que existía en Lima. Con solemne lentitud los soldados fijaron un extremo del pabellón a la cuerda del asta y extendiéndolo, empezaron a izarlo.

Volvía a vérsela, roja y blanca de Junín y Ayacucho, blanco de los Andes y rojo de Arica. Al momento en que subía, la muchedumbre silenciosa cayó de rodillas, muchedumbre formada por huérfanos, viudas, inválidos, solitarios y arruinados en esta infausta guerra. No se escuchó un tambor a una corneta, sólo una palabra que fue creciendo poco a poco...Perú...Perú.


Roberto Mendoza Policarpio
Historiador
C.E. huatiacury@yahoo.com

sábado, 26 de mayo de 2007

Rescatando al Coronel Arnaldo Panizo: Documentos revelan importante participación en la defensas de Arica.(*)

Por Juan Carlos Flórez Granda
jcflorezg@sehcap.org

En la historia de la guerra de 1879 contra Chile, no siempre el Perú salió perdiendo cada encuentro. Podemos resaltar dos triunfos para las armas peruanas: la batalla de Tarapacá y el combate de Sangrar sin contar con las hechas por nuestro monitor “Huascar” en la campaña naval. Pero existen más acciones, tan gloriosas como las mencionadas que a la luz de los documentos es necesario resaltar y rescatar para orgullo de nuestra historia e identidad.

Nos referimos a los dos combates de costa en Arica, los días 27 de febrero y 17 de Marzo de 1880, antes de la toma del Morro el 07 de junio de 1880. Triunfo indiscutible para los peruanos y prueba de fuego de sus fortificaciones cuya jefatura de construcción cayó en las manos del Comandante General de Artillería de Campaña y Comandante General de las Baterías del Norte, el coronel Arnaldo Panizo. Aquí la historia.

Antes que Chile nos declarara la guerra, Arica era un puerto indefenso y desartillado. Es por ello que bajo el mandato de Mariano Ignacio Prado se ordena fortificar esa plaza llegando a ser, después del Callao, la más fuerte de la costa peruana.
La jefatura de los trabajos de fortificación recayeron, el 2 de abril de 1879, en la persona del coronel de artillería Arnaldo Panizo secundado por los Ingenieros Eléspuru y Castillo. Durante su mandato se construyeron y artillaron las Baterías del Norte: “Santa Rosa”, “San José”, “2 de Mayo” y las del Este, uniéndose estas por una línea de fortificaciones pasajeras.

El 13 de noviembre de 1879, la comisión inspectora de las baterías de Arica informaba lo siguiente:
“…Tengo el honor de dar cuenta á Us. de la inspección que se ha practicado en las baterías del Norte, mandadas por el Sr. Corl. D. Arnaldo Panizo, permitiéndome desde luego manifestar a Us. La satisfación que ha tenido la comisión al encontrar las citadas baterías en buen estado de adelanto, que no es fácil comprender que en el poco tiempo de su establecimiento se hayan emprendido trabajos de tanta importancia y significación que solo el patriotismo y constancia así como la inteligencia de su primer Jefe y disciplina de sus subordinados, pueden haber dado cima á una obra que está llamada a dar un día de gloria al país…”

Efectivamente la comisión no se equivocó en el informe remitido al Coronel José de la Torre, Jefe del Estado Mayor del Primer Ejército del Sur en ese momento.
El 27 de febrero fue la gran ocasión de verificar la inexpugnabilidad de la plaza, apoyados por el monitor “Manco Capac”.
Los apuntes del parte del cononel Panizo nos muestra fe de ello:

“…A las 8am del día de hoy, me constituí como de costumbre en los trabajos de fortificación de campaña que están bajo mi dirección y estando allí, me llamó la atención la proximidad del “Huascar” a las baterías del “Morro” y desde ese momento creí inevitable un combate, el que no se dejó esperar; pues a las 9am rompió sus fuegos dicha batería.
Inmediatamente pasé a las baterías del Norte acompañado del Sargento Mayor, D. Pedro Ugarteche, del Ing. Señor Teobaldo Eléspuru, del Secretario de esta comandancia Sargento Mayor Graduado, D. Ernesto Diez Canseco y del ayudante Subteniente Don. M. Gerardo Soria; donde encontrando a Ud. Me ordenó tomara el mando de dichas baterías.
Constituime en la de “Santa Rosa” que fue la primera en hacer fuego…” “…siguiendo inmediatamente la de San José…” “…El combate continuó contra el “Huascar” y la corbeta “Magallanes” que se le unió poco después hasta las 10h30am, dando comienzo de nuevo a las 11 y terminando a las 4pm por haberse puesto el enemigo fuera de tiro, huyendo del monitor “Manco Capac” y de los fuegos del “Morro” y de las baterías del Norte, haciendo los últimos disparos la de San José..” “ El Benemérito Sor. Contralmirante y Us. Testigos oculares habràn quedado complacidos del entusiasmo y valor de los que combatieron bajo mis óredenes en las Baterías del Norte…”

Cabe resaltar en este combate que el monitor “Huascar” ya en poder de Chile, recibió el bautizo peruano debido a un certero tiro del monitor “Manco Capac” que, con un proyectil de 500 libras, acerto directamente llevándose de encuentro el palo de mesana y al comandante Manuel Thompson y pudo sufrir peor furtuna si es que en ese momento el otro cañón del monitor peruano no hubiera sufrido contratiempos al ser disparado.

Esta fue, como habíamos mencionado el primer combate de costa ganado por los peruanos en una operación conjunta entre la artillería del ejército y marina.

Veinte días después las fortificaciones de Arica afianzaron su inexpugnabilidad por mar, contribuyendo notablemente al desbloqueo del puerto por intermedio de la corbeta “Unión” comandanda por el Comandante Manuel Villavicencio.

El parte del coronel José de la Torre nos dá luces de este segundo combate:

“…Tan luego que se me dio parte en el campamento de que la corbeta “Unión” había fondeado en el puerto, en la mañana de ayer, me constituí inmediatamente a bordo á fin de disponer lo concerniente, para el desembarco de lo que conducía, y atender a la vez, á la provisión de lo que necesitara. En efecto, así lo verifiqué y habiéndose apercibido a poco rato, que el monitor “Huascar” se dirigía a la rada, ordené al comandante del monitor “Manco Capac”, que se encontraba en la corbeta, se saliera una y media milla afuera, con el buque de su mando, para cubrir con sus fuegos a la “Unión”; disponiendo á la vez que el coronel D. Arnaldo Panizo, que me acompañaba en esos instantes, se constituyera en su puesto, como Jefe que era de las Baterías del Norte, con el objeto de atender a la parte que le concernía, en el combate próximo a librarse….” “…A las doce se rnovó el combate, el cual se hizo general desde ese momento, siendo de notar que dirigiéndose el “Cochrane” a atacar de un modo decisivo a la “Unión”, tuvo que desistir de su empeño, por tres certeros de a trescientos que le dirigió las baterías del norte, y por el nutrido fuego que se le hacía de todos nuestros fuertes, marchando a todo su andar á colocarse al frente del “Morro”, de donde también fue rechazado, haciendo apagar el fuego del enemigo á las 2:20pm…” “…Concluido el combate, me constituí à las 4 horas 30 minutos pm en la corbeta “Unión”, y oredené a su comandante que zarpara en el acto, aprovechando, de la oportunidad de haberse reconcentrado hacia el Oeste los buques enemigos…” “…Efectivamente, á las 5 y 15pm., levó anclas la corbeta y se hizo a la mar con rumbo sur, entre los hurras de los valerosos combatientes, que la habían defendido con abnegación y entusiasmo…” “…no concluiré sin encomiar la decisión y entusiasmo general de los combatientes; permitiéndome recomendar particularmente a Us., al Comandante General de las Baterías de esta Plaza, Capitán de Navío D. Camilo Carillo, Al Coronel D. Arnaldo Panizo y al Capitán de Fragata Comandante del monitor “Manco Capac” D. josé Sanchez Lagomarsino, á quienes se les debe el que no se haya perdido la corbeta, que hubiera sido destruida por la artillería enemiga…”


Esta acción le valió al coronel Panizo recibir un telegrama de felicitación el día 19 de marzo:

“Sr. Coronel Panizo. Arica. El amigo y el Jefe te felicitan por los bellos resultados que han dado tus incesantes trabajos en las baterías. Firmado: Montero...”

Llegamos al final de esta primera parte en rescate de un personaje poco mencionado en la historia pero de vital importancia para el entendimiento de la guerra. En futuras publicaciones mostraremos otras acciones muy relevantes de Panizo en el Alto de la Alianza y en la Defensa del último bastión de la resistencia peruana en Chorrillos: el Morro Solar.

¿Quién fue el coronel Arnaldo Panizo?.

Fue hijo del Almirante Juan José Panizo y Talamantes, héroe naval asesinado durante la revolución de Prado y Montero el 24 de junio de 1865. Ingresa a la Escuela Naval Militar el 8 de Enero de 1856. Participa en la ocupación de Ecuador como Sub Teniente de la 1a. Cía. del Batallón de Artillería de Montaña y como Sub Teniente en la 3ra. Cía del Escuadrón Volante a mando del Coronel Francisco Bolognesi. Contribuyó a recuperar el cuartel de Sta. Catalina durante la revolución de los hermanos Gutiérrez.

En la guerra con Chile, fuera de lo que hemos dado a conocer en este artículo, participó en la Batalla del Alto de la Alianza el 26 de mayo como Comandante General de Artillería comandando el ala izquierda de la línea llegando a salvar 2 cañones, 1 ametralladora, el parque sobrante y 36 artilleros, dejándolos en Puno.
Fue nombrado Comandante General de las Baterías de Chorrillos y Miraflores. Organizó y actuó en la Batalla del 13 de enero, comandando las baterías Mártir Olaya, Provisional y Marcavilca. Fue el real defensor del Morro Solar, último bastión de la defensa peruana, resistiendo en la batería principal hasta las 2:10pm. Injustamente la historia nombra al coronel en ese entonces, Miguel Iglesias, como defensor del Morro cuando lo fue valerosamente en Chorrillos hasta ser capturado alrededor de las 12 del día. Iglesias nunca pisó la cima del Morro Solar. Fue Panizo junto con sus artilleros que llevaron sobrehumanamente la última resistencia desde las 12 hasta las 2:10pm, sin rendir el Morro.

Conclusión

No todo es negativo en la historia de la pasada guerra con Chile. Vendimos muy cara nuestras derrotas y en muchos casos ganamos en base a ingenio y patriotismo a pesar de estar en inferioridad de condiciones, como es el caso de estos dos combates poco mencionados en nuestra historia.
Han pasado más de cien años de esta guerra. Es vital para todo peruano aprender de cada acción y analizar concienzudamente cuales fueron nuestros errores y virtudes para no volverlos a comenter.
Hoy día Chile emprende una campaña recordando a sus héroes de esta “epopeya”, como la llaman ellos, y que el Perú como respuesta debería hacerles recordar a cada habitante chileno que los peruanos luchamos en inferiores condiciones y ellos no obtuvieron triunfos fáciles como algunos sostienen. Difícilmente podrá ocurrir otra catástrofe como la que ocurrió en 1879 porque fue a partir de esta experienca es que el concepto de unidad frente a la adversidad se afianzó en nuestra nación y sobradamente lo hemos demostrado en posteriores conflictos.

(*) Texto publicado en el diario "La Razón" el martes 24 de Abril del 2007.

miércoles, 11 de abril de 2007

1904: EL AÑO QUE PERDIMOS ARICA




Por Juan Carlos Herrera Tello*

Mucho se dice con facilidad que el ex presidente Augusto B. Leguía fue el causante de la pérdida del puerto de Arica en la negociación de 1929. Nada más falso. Leguía sinceró la realidad bajo el espectro internacional que rodeaba al Perú: ninguna posibilidad de recuperar el puerto dentro de los acuerdos de 1883; tampoco por la vía del laudo Coolidge que finalmente había demostrado la impracticabilidad del plebiscito y la presencia del ferrocarril que une Arica con La Paz, construido en base a lo establecido en el Tratado de 20 de octubre de 1904 entre Chile y Bolivia. Es este ferrocarril el causante real de la pérdida de Arica, ya que su importancia comercial, su estratégico emplazamiento y los derechos que sobre él tienen Chile y Bolivia impedían que un tercero como el Perú se beneficie de este polo de desarrollo al momento de recuperación de su puerto. La historia de las relaciones diplomáticas de Bolivia con Chile y Perú, son por decir lo menos, contradictorias; el motivo de ello es exclusivamente su frustrante acceso al Pacífico con el propósito de terminar su enclaustramiento. Desde su nacimiento como república, Bolivia pretendió Arica y como el Perú no permitió la desmembración de territorios poblados, motivó que casi ambos pueblos se fueran a la guerra. Tanto Arica como Tarapacá se habían consolidado como peruanos pero, más al sur de este último departamento, se encontraba un territorio que estaba bajo administración del Virreinato del Perú de acuerdo a una Real Orden dada el 1º de octubre 1803, y posteriormente confirmada por otra el 17 de marzo 1805. Este territorio era el antiguo partido de Atacama que fue ocupado por el Mariscal Sucre y entregado a la nueva república de Bolivia como su costa, sin la oposición del Perú. Este acto de usurpación por parte de Sucre con la aceptación, anuencia o dejadez del Perú, fue básicamente porque estábamos bajo el influjo de Bolívar, quien era Presidente del Perú. Fueron peruanos como Hipólito Unanue, natural de Arica, José María Pando y otros ilustres ciudadanos que no permitieron en ese momento la segregación de Tacna, Arica y Tarapacá a Bolivia, mientras que esa zona inhóspita y casi despoblada pasó a manos de Bolivia, país que no tuvo el tiempo suficiente para desarrollar su litoral, porque le tenía ocupada las constantes revueltas de su clase política, mientras que las pocas actividades comerciales las realizaba por el puerto de Arica.

LA PESADILLA DE LA CONFEDERACIÓN

Cuando se concretó la Confederación Perú – Boliviana, el Perú fue partido por la mitad, y Bolivia mantenía su unidad, lo que constituyó una pesadilla para Diego Portales y la clase dirigente chilena, que veía en ella un factor de preponderancia en el continente, su duración fue corta y Chile le declaró la guerra derrotándola con la ayuda de peruanos. El odio a Bolivia se puso en evidencia cuando el General Gamarra la invadió, muriendo en su intento en Ingavi, luego vinieron los problemas de la moneda falsificada y de escaso valor que Bolivia había diseminado en el sur peruano y nuevamente su reclamo absurdo de tentar el puerto de Arica, fundamentando su proposición en el solo hecho del usufructo, mientras que el llamado “Litoral” era olvidado. Descubiertos importantes depósitos de guano y posteriormente salitre por ciudadanos chilenos en el litoral boliviano, comienza el conflicto y la pérfida acción de Chile para realizar un canje de territorios al pretender ayudar a Bolivia en ofrecerle una salida al océano por los territorios peruanos de Tacna, Arica y Tarapacá a cambio de su entonces ya rico litoral.

LA ALIANZA SECRETA.

En 1873 Perú y Bolivia suscriben un acuerdo secreto de Alianza Defensiva contra cualquier agresión extranjera. Este Tratado es el que arrastra al Perú a la guerra en 1879, cuando el presidente boliviano Hilarión Daza, violando el Tratado de 1874 con Chile, eleva el precio del quintal de salitre e insta al Perú a que acuda en su defensa argumentando el pacto de 1873. Fiel a sus compromisos el Perú se involucra con el aliado y desarmado enfrenta la lucha. Luego de los primeros reveses de la guerra, Bolivia se retira de la contienda y se produce la “retirada” de Camarones; un golpe de Estado destituye al presidente Daza y los bolivianos intentan borrar la mancha de su ejército regresando al teatro de la guerra, ya esta vez en Tacna, en la batalla del Alto de la Alianza, donde el ejército aliado es destrozado y nunca más Bolivia participa en las operaciones bélicas. Abandonado a su suerte, el Perú asume toda la carga del conflicto absolutamente solo. El tratado de 1873 probó pues ser el pretexto de conducir al Perú al desastre. Perdida la guerra, destruidas las industrias, ocupadas sus principales ciudades y aniquilados sus ejércitos el Perú tuvo que firmar el Tratado de Ancón con un Protocolo anexo donde se demuestra la verdadera intención de un enemigo implacable; mientras Bolivia escudándose en sus alturas espectaba la aniquilación de su aliado y solo firma un Pacto de Tregua manteniendo la posibilidad de obtener alguna costa a futuro. En mayo de 1895 se firma entre Chile y Bolivia un Tratado y dos Protocolos Complementarios en el que se formulaba lo siguiente: a] Tacna y Arica pasan a poder de Bolivia en caso Chile gane el plebiscito estipulado en el Tratado de Ancón y, b] Si Chile no gana el plebiscito se compromete a ceder la caleta de Vitor hasta Camarones. Bolivia realizaba este tipo de acuerdos conociendo el sufrimiento de la población peruana en aquellas ciudades, sabiendo que la situación jurídica de Tacna y Arica dependía del plebiscito a realizarse y, lo que es peor, perjudicando a su antiguo aliado. Este acuerdo no prosperó, no por culpa de Chile sino por la misma Bolivia que en noviembre de 1896 trató de cambiar la esencia de los Pactos, proponiendo ser ellos los que escojan el puerto en la costa de Chile y porque cedieron a la Argentina la Puna de Atacama que se encontraba en posesión de Chile por el Pacto de Tregua de 1884. Sobre esto escribió en el año 1900 don Luis Orrego Luco en su libro “La Cuestión Boliviana” lo siguiente: “No creemos que exista en la historia americana ejemplo alguno de duplicidad semejante a la empleada por Bolivia en la época de los tratados chileno-bolivianos del 95; ni cabe mayor audacia en la política internacional de un pueblo que usufructúa su situación para quebrantar todos sus compromisos, uno a uno, para burlar todas sus promesas, para levantar el engaño y el fraude como sistema de política internacional permanente”.

LO QUE HIZO BOLIVIA

Bolivia firma el Tratado el 20 de octubre de 1904, un 20 de octubre tal como Chile impuso la firma del Perú en el Tratado de Ancón pero sin que su capital haya sido ocupada, sin disparar un solo tiro y viviendo en democracia, con dos presidentes que se sucedieron y llevaron adelante la negociación, y realizando una acción más contra su antiguo aliado, permite en la cláusula tercera de dicho tratado la construcción de una vía férrea entre Arica y La Paz, cuando Chile no tenía soberanía sobre el puerto. El ferrocarril de Arica a La Paz es el principal escollo que tendrá que sortear el Perú para que Arica vuelva a su soberanía, pero esa importante vía de comunicación era también la principal arma de Chile y el “sine qua non” de sus propósitos para futuro, con lo que Chile empieza a inducir en el Perú la posibilidad de partir el territorio, de tal modo que Tacna quede en el Perú y Arica en Chile. Solución que fue finalmente la del Tratado de 1929. Firmado el Tratado de 1929, fue Chile quien introdujo el artículo 1º en el Protocolo Complementario en donde se establece que ni Chile ni Perú pueden ceder a una tercera potencia los territorios materia del acuerdo. Pero ¿por qué la sorpresiva inclusión de ese artículo en el Tratado? La respuesta a esos antecedentes la encontramos en el texto “Después de la Paz...” de Conrado Ríos Gallardo, donde desmenuza con habilidad el derrotero de las relaciones internacionales de Bolivia con Chile e inclusive con adjetivaciones contra ese país, su diplomacia y su clase dirigente; examina las idas y venidas de Bolivia y aclara a esa nación su falta de honradez hacia el Perú que se inmoló defendiendo su causa; no solo esgrime Ríos Gallardo su falta de ética con su antiguo aliado sino también destaca la molestia de Chile cuando Bolivia vende la “Puna de Atacama” a la Argentina, en momentos que estaban en negociaciones con el propósito de obtener un puerto; esta falta de criterio de las autoridades bolivianas estigmatiza a la clase política de Bolivia de aquella época. Bolivia no reclama una salida al mar al año de suscrito el Tratado de 1904, ni menos en la construcción del ferrocarril de Arica a La Paz iniciado en 1906, tampoco al culminar dicha construcción en 1913 sino recién en 1919, 14 años después de suscrito el tratado de límites, y este reclamo lo fundamenta por territorios que fueron peruanos, territorios que se encontraban en situación de definición de su nacionalidad y que el clamor nacional peruano tenía la confianza en su reincorporación. No pidieron una salida por sus antiguos territorios.

¿TACNA Y ARICA A BOLIVIA?

Aunque parezca absurdo el pedido de salida al mar que Bolivia solicitaba nació por obra y gracia del ex presidente Montes, aquel que inició las negociaciones del tratado de 1904, el mismo que renunció a la costa a cambio de dinero y facilidades portuarias en Arica y Antofagasta, este sujeto en carta dirigida al Ministro de RR EE de Francia, cuando ocupaba el cargo de Embajador, escribió que “Bolivia tiene intereses superiores en las provincias de Tacna y Arica actualmente en disputa entre Chile y Perú”. “Chile y Perú, tienen razones de orden político mientras que a Bolivia le asiste la historia y la tradición porque Arica ha sido en todo tiempo el órgano natural de expansión comercial”. Finalmente agrega: “La Liga de las Naciones dictará un fallo justiciero conforme con los antecedentes jurídicos, históricos y geográficos... implicando la reincorporación de los territorios de Tacna y Arica a Bolivia”. Esta nota causó indignación en el Perú y a raíz de ella se emitió la respuesta de Torre Tagle: “Cuando una nación ha dado al mundo ejemplo de firmeza para reincorporar a su seno las provincias que nos arrebató una guerra de conquista, no hay el derecho y menos que nadie en quien compartió los azares e infortunio de la contienda de disputarle el señorío de territorios cuya población ha mantenido incólume a través de varias generaciones el sentimiento patriótico peruano”.Este es el legado de la generación que defendió los intereses peruanos en las provincias cautivas, y este legado no puede ser olvidado porque la frontera que se trazó en 1929 tiene como tinta la sangre de peruanos que murieron por defender su territorio y tiene además el perfil del trazo del ferrocarril de Arica a La Paz, trazo que hizo Bolivia en 1904. La solución al problema de mediterraneidad de Bolivia se daba si Chile no hubiese construido la vía férrea en Arica o que Bolivia no le acepte semejante trato, de tal modo que Chile con el correr del tiempo hubiese entregado las provincias peruanas a su legítimo dueño, y como Tarapacá había sido cedida perpetua e incondicionalmente a Chile, fácilmente por ese territorio se le hubiese dado una franja a Bolivia; esta tesis fue esbozada por el profesor chileno Carlos Vicuña Fuentes, motivando su expulsión de la cátedra. Si lo que Bolivia desea es un bañadero en el Pacífico por una franja en el norte de Arica, dudo mucho que el Perú acepte, y tal vez proponga una fórmula similar a la ya presentada a Chile en 1976, es decir, la soberanía compartida en el puerto de Arica; al final fue Chile el que violó el Tratado de Ancón y la solución de la división territorial perjudicó al Perú. Lo que Bolivia debe de definir es qué tipo de salida quiere al océano, es decir “la reivindicación” con lo cual la salida soberana deba ser por los territorios que fueron bolivianos; o “una simple salida al mar” para satisfacer a un pueblo que solo quiere ver el océano sin la posibilidad de construir un puerto; o seguir perjudicando al Perú y salir por Arica olvidando los derechos de servidumbre establecidos en el Tratado de 1929.

EL ENCLAVE

Creo que Bolivia, si Chile lo permite, debe salir por territorios que no afecten la continuidad territorial chilena, y por donde fueron indudablemente bolivianos antes de 1904. Esta salida es única y se llama “enclave”, y puede ser un puerto actual como Tocopilla o Mejillones, o uno por construirse, y para la comunicación con tierra establecer un corredor conectado al territorio boliviano, sin perjuicio de la soberanía que a Chile le corresponde a ejercer. Es obvio que Bolivia es la culpable de su encierro, y no puede reclamarle nada a Chile que ya le dio concesiones, ferrocarriles y dinero, al final es lo que quiso, es lo que firmó, es lo que debe cumplir y debe de comportarse como nación civilizada respetando las normas que el derecho internacional impone.

* Abogado, Asesor en Asuntos Internacionales
Publicado en el Diario “La Razón” de Lima - Perú