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domingo, 12 de enero de 2014

Por la verdad histórica en el Morro Solar. 13 de enero de 1881.


Juan Carlos Flórez Granda / Director SEHCAP
jcflorezg@yahoo.com

  
Conmemorando 133 años de la batalla de San Juan, es tiempo de dar crédito a algunas participaciones relevantes y establecer la verdad histórica de quienes tuvieron un rol sobresaliente, sobre todo en la resistencia del último bastión de la defensa peruana el 13 de enero de 1881: El Morro Solar.

Coronel Arnaldo Panizo meses antes de su muerte en 1892.
Se atribuye la defensa final al coronel Miguel Iglesias, jefe del 1er. Cuerpo del Ejército cuando realmente se le debe atribuir a él la defensa heroica de Chorrillos hasta su captura a las 12:30pm aproximadamente cuando, habiendo recuperado las posiciones de Santa Teresa, viéndose rodeado por el ejército chileno y sin tropas de refuerzo, no pudo junto con los restos de las fuerzas que lo acompañaban, retirarse hacia Miraflores, siendo capturado muy cerca del malecón.

A partir de ese momento la única fuerza móvil existente fue comandada por el coronel Arnaldo Panizo, quien junto con sus artilleros y restos de la división de Iglesias, agrupados por él, realizaron una sobrehumana defensa en la batería Mártir Olaya durante casi dos horas, hasta que la superioridad de las fuerzas la doblegaron.

No fue Miguel Iglesias el defensor del Morro ni estuvo nunca en las alturas sino el coronel Arnaldo Panizo. Tampoco Panizo estuvo subordinado a Iglesias ya que eran baterías de costa y accidentalmente sirvieron de apoyo al primer cuerpo del ejército. Numerosos relatos lo atestiguan. Ver artículo:



El Jefe de Estado Mayor, general Pedro Silva, consigna el parte de Panizo en su parte, mencionando lo siguiente:

“…El primer cuerpo de ejército estaba apoyado por las baterías de Chorrillos, de cuyos detalles sólo se podrá formar cabal idea en vista del parte del Comandante general de ellas…”

Los informes franceses, ingleses y americanos narran la resistencia hecha por los artilleros del Morro y creo que es tiempo de investigar, profundizar y mostrar las verdades históricas que han permanecido ocultas por años para poder así entender nuestra historia.

Termino esta pequeña reseña transcribiendo palabras del teniente coronel Nicanor Beúnza en su conferencia en la Escuela Militar de Chorrillos:

“…Si el general Iglesias es el héroe de la defensa, con la primera división del ejército peruano en Chorrillos, el coronel Panizo, que fué el alma de la resistencia en el último baluarte, las baterías de artillería, es el héroe del Morro Solar…”


 REPUBLICA PERUANA

 Comandancia General de las
Baterías de Chorrillos y Miraflores.


Lima, Febrero 9 de 1881.
 Sr. Jefe de Estado Mayor
De los Ejércitos:

S.G.:

El cumplimiento de mi deber me pone en el ineludible caso de dar parte a U.S. de la Batalla librada el 13 de Enero ppdo., entre las fuerzas de mar y tierra de la República de Chile y nuestro Ejército, en los campos de Villa y San Juan, en todo lo que se relaciona con las Baterías dependientes de esta Comandancia General; pero, antes de ocuparme de los detalles de ese acontecimiento, tan funesto para el porvenir de nuestro país, creo conveniente hacer aquí una ligera reseña de la situación topográfica que en las alturas de Chorrillos ocupaban las baterías a mis órdenes, las piezas con que estaban artilladas, las fuerzas que las servían, su armamento y la manera cómo me estaban apoyadas.

En la eminencia que une el extremo Sur de la bahía de Chorrillos, y el comienzo de la altura más culminante, denominada “Marcavilca”, se habían establecido dos baterías: la primera y principal, nombrada “Mártir Olaya”, estaba situada en la planicie más elevada del Morro de Chorrillos. Allí se habían montado dos cañones de a 70, sistema “Parrot”, en cureñas de correderas, sobre una plataforma de madera y con un intervalo, entre ellas, de ocho metros, a lo más, ambas giraban en un círculo completo y, desde luego batían tanto el mar como la campiña, en un radio de 4 a 5000 metros. Su situación relativa y la poca distancia que los separaba, impedían, como U.S. comprende, hacer sus fuegos sobre un punto dado, sin grave peligro para los artilleros. Todo el perímetro de la plataforma, que era rectangular, estaba cubierto con unas cuantas filas de sacos de arena, que apenas cubrían a la tropa hasta media pierna; se habían colocado ahí para desfigurar el terreno, más bien que para defensa de los proyectiles enemigos. En la pendiente que sólo, mira al mar, y sin poder ofender el valle, sobre una plataforma, también de madera, se había montado una pieza de a 500 libras, sistema “Rodman” y un poco más de avanzada y al pie del corte vertical que sirve de límite al mar, se había colocado otra pieza pequeña, de a 9, sistema “Withwoorth”, montada sobre una cureña de marina.

Composición de la batería "Mártir Olaya" . Investigación del autor.


La segunda Batería, denominada “Provisional”, estaba situada en una meseta que avanzaba hacia el valle, quedando oculta del mar por su retaguardia, sin ser vista más que por la bahía, dominaba toda la campiña y caminos que conducen a San Juan y Villa a Chorrillos, montaba dos piezas de a 32, largas, de ánima lisa, sistema antiguo, sobre cureñas de marina, en dos plataformas de madera y sin parapeto ni defensa alguna, pues la premura del tiempo no dio lugar para más. Podían ofender al enemigo en un radio de 3000 a 4000 metros.

Entre estas dos Baterías, había una distancia próximamente de 1000 metros y las desigualdades del terreno, en dicha extensión, les hacía imposible verse ni observarse entre sí.

Ubicación batería "Provisional". Investigación del autor.

La Caleta de “La Chira”, situada al sur de estas fortificaciones, se encuentra separada de ellas y oculta por una gran eminencia, que se levanta a inmediaciones de la Batería “Provisional”, denominada la “Marcavilca”. Desde su cima se domina y defiende, no sólo la caleta nombrada, sino todos los arenales limitados por el valle y el más recóndito repliegue, en todas las direcciones de un círculo y a una inmensa distancia. Era, pues, la llave de nuestras Baterías y, por consiguiente necesario, colocar allí artillería de menor calibre, que, al mismo tiempo que ofendía al enemigo a larga distancia, impedía todo desembarque por la caleta “Chira”; y apoyada por una fuerte División del Ejército, impedía fuese tomada por el enemigo, que con sus fuegos de infantería anularía, por completo, las Baterías de mi mando. En consecuencia y con gran trabajo, por un camino enteramente angosto, formado sobre la cuchilla que corre hasta la cima, se subieron 2 piezas de a 9, artillería de campaña, sistema “Clay”, y una ametralladora “Nordenfelt”.

Ubicación batería "Marcavilca". Investigación del autor.
Para el servicio de las dos piezas de la sección “Clay”, un Obús de a 12 de campaña y una ametralladora “”Claeston”, contaba con solo 36 matriculados de Chorrillos, 52 artilleros, 6 marineros y 80 reclutas del Departamento de Junín, que el día 11 me remitió S.E. el Jefe Supremo; de los cuales remití 25 a Miraflores, para la Batería “Alfonso Ugarte”, quedando en la de Chorrillos 55, quienes durante el combate, sólo pudieron ser empleados en proveer de municiones a los distintos puntos artillados.

Los matriculados, en número de 21, servían a la sección “Clay” y ametralladora “Nordenfelt”, a las ordenes del Capitán de Artillería D. Nicanor Luque; otros 15 servían la Batería “Provisional”, con un marinero y 5 artilleros a las órdenes del Capitán del Arma, D. Manuel R. Cornejo. Los 47 artilleros restantes y 5 marineros, ocupábanse en el servicio de la Batería “Mártir Olaya”. Para armar toda esa fuerza sólo contaba con 40 rifles “Remington”.

Como S.S. verá, no tenía un solo soldado de infantería que protegiese las dos Baterías “Mártir Olaya” y “Provisional”. En Marcavilca se hallaba la División del Norte.

Hecha esta manifestación, que me he creído enteramente necesaria, paso ahora a ocuparme de la manera cómo funcionaron estas Baterías, durante la batalla.

Serían las 5 y 30 am. Cuando un ayudante de las Baterías, mandadas por su primer Jefe, Sargento Mayor Dn. Manuel Hurtado y Haza, vino a darme parte de que el enemigo se batía con nuestro Ejército establecido en la línea. Inmediatamente me constituí en la Batería “Mártir Olaya”, acompañado del Sr. Coronel de Artillería Dn. José Ruesta y los ayudantes de esta Comandancia General, Subtenientes del Arma Dn. Gerardo Soria, Dn. Abel Ayllón y Dn. Alberto Panizo. Cuando llegué allí, Jefes, Oficiales y Tropa, se encontraban en sus puestos, listos para el combate y animados del mayor entusiasmo y decisión, esperando el momento de la prueba.

Seguido del Mayor Haza y de los ayudantes que antes me habían acompañado, pasé a la Batería “Provisional”, en cuyo puesto tampoco tuve nada que anotar, de allí ascendí a “Marcavilca”, que esos momentos hacía fuego sobre el enemigo. Al llegar allí, me dijo el Capitán Luque, que una de las plazas “Clay” y la ametralladora “Nordenfelt”, estaban inutilizadas. Un armero se ocupaba en trabajar en ambas armas, a fin de restituirlas al servicio, pero, desgraciadamente, ni el trabajo de éste ni el empeñoso interés del Capitán, produjeron resultado favorable alguno. Quedaba, pues, una sola pieza, que constantemente disparaba sobre la escuadra enemiga, unas veces, y otras sobre los regimientos que trataban de ascender a la posición. La División del Sr. Coronel Noriega, situada en esa planicie, defendía perfectamente bien su puesto. Las municiones de artillería iban escaseando. Inmediatamente mandé a  uno de mis ayudantes a la Batería principal, para que me mandaran una cantidad suficiente, orden que se ejecutó y cumplió en el término de la distancia, quedando dicha posición en las mejores condiciones de defensa.

Mientras tanto, ya el enemigo había ido batiendo y desalojando de sus posiciones a nuestro Ejército en la línea, desde San Juan a la Chira, y otros por los potreros y callejones de Villa, venía cediendo el campo, sin tener artillería que lo protegiese en su retirada. En el acto descendí de Marcavilca a la Batería Provisional. En el tránsito encontré a S.E. el Jefe Supremo, a quién dí parte de cuanto hasta entonces había acontecido en mi puesto, avisándole, al mismo tiempo, que iba a romper los fuegos en la Batería Provisional. S.E. siguió a Marcavilca, y los fuegos se rompieron en las mejores condiciones.

La Caballería e Infantería enemigas, parte en guerrilla, perseguían a una considerable fuerza nuestra, que, a órdenes del Señor Coronel Dn. Miguel Iglesias, venía en retirada y trataba de reorganizarla al pie de una “huaca” que domina el camino indicado, cerca del Panteón. Los fuegos de la Batería desalojaron al enemigo apostado y sus guerrillas, y el Coronel Iglesias con sus tropas, ya reorganizadas, emprendió un nuevo ataque y recuperó, a viva fuerza, sus perdidas posiciones, de las que más tarde volvió a ser desalojado, por las fuerzas del enemigo, por la falta de tropas de refresco que le protegiesen. Durante este tiempo, la Artillería enemiga nos hacía un nutrido fuego, cuyos proyectiles caían sobre nuestra posición. Allí se hallaba presente el Sr. Contralmirante Dn. Lizardo Montero. En estos momentos, recibí aviso del Mayor Haza de que parte de la Escuadra enemiga aparecía frente a la Batería “Mártir Olaya”. En el acto marché a ese punto, llegando en circunstancias de que este Jefe, con el cañón de 500 libras rompía los fuegos sobre la Cañonera Pilcomayo y la lancha Toro, que ya disparaba, también  sobre esta Batería. Como una hora duró este pausado cañoneo, sin producir resultado alguno, retirándose en seguida dichos buques, para no aparecer más. Eran las 8 a.m.

La artillería enemiga, dueña de las magníficas posiciones que habían tomado en San Juan y Villa, nos hacía fuertes descargas sobre las Baterías, que eran contestadas vigorosamente, sosteniendo un cañoneo de más de dos horas, que nos causó algunas victimas. Mientras tanto, el enemigo, entrando por el camino últimamente abierto, entre San Juan y Chorrillos, trataba, con fuerzas de Infantería y Caballería, en número considerable, de apoderarse de esta Villa.

En la Escuela de Clases había un Batallón nuestro que les hacía fuego, y en el camino que de este edificio conduce al Barranco, se reorganizaba, también, otro batallón nuestro.

En el acto hice dirigir los fuegos sobre el enemigo, con tan buen efecto, que por tres veces fue rechazado hasta la embocadura del citado camino. En este largo intervalo de tiempo, ambos batallones se replegaron al Barranco.

En este momento, y con gran sentimiento, vi que condujeron herido, en una camilla, al valiente Capitán de Artillería Dn. Nicanor Luque. Tenía una pierna rota. Me dijo que Marcavilca quedaba resistiendo bajo buenos auspicios que habiéndose inutilizado el montaje de la única pieza “Clay”, que quedaba, había tenido que desmontarla y cambiarle la cureña de la que antes se había descompuesto, y que, al ser herido quedaba al mando de dicha pieza el Subteniente Alvarez Calderón, perteneciente al Batallón Ayacucho No. 5.

Serían las 12 y 30m. Cuando conocí que los momentos eran cada vez más difíciles, que no contaba con fuerza alguna de infantería para defender mis posiciones, y que a la Batería de a 32 la batían crudamente. En estas circunstancias, mandé a mi ayudante, Subteniente D. Gerardo Soria, fuese a buscar a S.E. el Jefe Supremo y le hiciera presente nuestra situación y la necesidad que tenía de fuerzas de Infantería, para la defensa y sostén de mi puesto. Largo rato después, dicho oficial trajo la noticia de que S.E. se había marchado a Miraflores, donde se había replegado el Ejército, y que el enemigo estaba cerca de la población.

Desde las primeras horas de la mañana, y careciendo de puesto en la línea, se hallaban a mis órdenes 30 hombres armados con Remington y con muy pocas municiones, pertenecientes a la sección de Ingenieros del Ejército del Norte, a las órdenes del Capitán D. Fabio Rodríguez, con unos cuantos subalternos más, les hice desplegar en guerrilla, a fin de poder batir, aunque a pecho descubierto, las avenidas más importantes de la posición.

La ametralladora “Clayton” se había inutilizado a los primeros disparos. El Mayor Haza, que personalmente manejaba esta arma, tuvo al fin que abandonarla y hacerse cargo del Obús de a 12, de campaña, para batir, ya de cerca al enemigo, cuya infantería había ocupado las avenidas del Malecón y la que desemboca al camino de zig-zag que conduce al Morro.

La Batería Provisional había sido tomada a sangre y fuego por la falta de infantería que la protegiese. La División de Marcavilca, dominada por el enemigo, dejaba su posición y descendía, precipitadamente, parte por la pendiente situada entre su posición y la Batería Provisional, hacia la población, y del resto por encima del Morro, con la misma dirección. El enemigo había coronado Marcavilca y, en guerrilla, hacía fuego sobre dicha División, impidiendo que se reorganizara, haciéndole infinitas bajas.

Los artilleros de nuestras Baterías eran diezmados, al extremo que los Jefes y Oficiales de esta Comandancia General, así como los de la Baterías, servían, desde entonces, las dos piezas “Parrot” que, junto con el Obús de a 12, eran las únicas que batían con metralla al enemigo, que instante por instante, arreciaba más sus fuegos y nos encerraba casi en un círculo, pues no teníamos más parte libre que las ásperas pendientes que conducen a la playa.

En estos momentos, caían heridos el Coronel de Artillería Dn. José Ruesta, que valerosa y espontáneamente, había solicitado un puesto en el combate, y el valiente Teniente del Arma Dn. David León.

Desde ese momento, la situación se hizo insostenible. Cien hombres más o menos, sin parapeto alguno, casi agotadas sus municiones, y sembrado el campo de muertos y heridos, con que se tropezaba a cada paso, eran impotentes, a pesar de su valor, para combatir con numerosísimas fuerzas, que por todas partes nos asediaban. En tales condiciones, llamé aparte al Mayor Haza y le ordené que, personalmente, prendiera fuego a una mecha de duración, de que, anteladamente se había dotado al polvorín; la órden fue obedecida inmediatamente; la tropa se apercibió de ello antes de tiempo y sin esperar mis órdenes, para retirarnos unidos, pues la mecha nos daba tiempo suficiente, y alarmado con el peligro que suponían inmediato, sin que yo ni los Jefes y Oficiales que se hallaban a mi lado, lo percibiésemos, en su veloz retirada nos precipitaron de la pendiente hasta la playa, en donde algunos quedaron víctimas de su temeridad.

No sin algunas contusiones, pudimos emprender la retirada en medio de la tropa dispersa, por el canto de la playa con dirección a Miraflores, a replegarnos a la Batería “Alfonso Ugarte”, también dependiente de esta Comandancia General; pero, desgraciadamente, el enemigo nos cortó la retirada, haciéndonos algunas víctimas más, y tomándonos prisioneros, pocos momentos después.

Al terminar este Parte, no puedo menos que manifestar a U.S. el patriotismo, valor y entusiasmo, con que han llenado su deber, durante la Batalla, todos los señores Jefes y Oficiales y tropa que consta en las relaciones acompañadas a los Partes de los señores Jefes de las Baterías a mis órdenes, así como el Cirujano y sus subordinados. En cuanto a la Batería Alfonso Ugarte, cuyo parte también acompaño, aunque no tuve el honor de verla combatir, por estar ya prisionero, los antecedentes de los Jefes y Oficiales que las defendían, en la jornada de Miraflores, y el Parte del Jefe del detall, manifiestan perfectamente, su digno y valeroso proceder.

 Dios Guarde a Ud. Sñor. Gnral.

Firma: Arnaldo Panizo

Batería "Mártir Olaya" días después de la batalla. Estas fueron voladas por el ejército chileno. Nótese que la boca del cañón va hacia el suelo. Esto se debe a la ausencia del culote del cañón ( la parte posterior), originando el quiebre del punto de equilibrio y yéndose todo el peso hacia el ánima del cañón.


Ayacucho, Noviembre 1º. De 1881.

Benemérito Sor. Contralmirante
Ministro Gral. De Estado

S.M.

En cumplimiento de la órden verbal de S.E. el Presidente, tengo el honor de elevar á manos de U.S. la relación nominal por clases de los S.S. Jefes y Oficiales que pertenecieron á la Comandancia General y Baterías de Chorrillos y Miraflores y que combatieron en las jornadas del 13 y 15 de Enero último, distinguiéndose por su valor y patriotismo; razón por la que fueron recomendados á la consideración del Supremo Gobierno en el parte que tuve el honor de elevar al E.M.G. de los ejércitos el 9 de Febrero del presente año.

En mi humilde juicio Sor. Ministro, y después del estudio que he tenido costumbre de hacer siempre de los jefes y oficiales que me han estado subordinados, creo que con excepción de los oficiales: Cavero, Balaguer y Torres que sin embargo de su buen comportamiento en la jornada de Miraflores, no reunen las aptitudes necesarias para el desempeño de clases superiores. A estos puede el Supremo Gobierno acordarles otro género de premio; Los demás que reunen todas las condiciones que requiere la honrosa carrera de las armas, se han hecho  indudablemente acreedores al ascenso inmediato, salvo el mejor acuerdo de  S.E. el Presidente.

Dios Guíe á U.S.

B.S.G.A.

Arnaldo Panizo
Ayacucho, Noviembre 6 de 1881.


Vista la calificación de aptitudes ordenada al Coronel Arnaldo Panizo, de los Jefes y Oficiales de la dotación de las Baterías “Mártir Olaya” y “Alfonso Ugarte” en Chorrillos y Miraflores, que se hallaban bajo sus órdenes, el 13 de Enero del corriente año, de cuyos Jefes y Oficiales, el mayor número há hecho además la Campaña del Sur, con buena nota, concurriendo parte de ellos, a la gloriosa batalla de Tarapacá, el 27 de Noviembre de 1879, por la cual el Capitan Don Gabriel Delgado fue ascendido á esta clase.
Atendido el valeroso comportamiento de todos los dichos Jefes y Oficiales en las jornadas del 13 y 15 del mes y año referido;

SE RESUELVE:

Ascender:- á Tenientes Coroneles efectivos de Artillería de Ejército, a los Sargentos Mayores, José Ernesto Diez, Manuel Hurtado y Haza, Manuel Carrera y Manuel Alegre; los tres primeros con la antigüedad del 27 de Noviembre de 1879 y el último con la de 13 de Enero del presente año.
A Sargentos Mayores efectivos, de la misma Arma y de Ejército, á los Capitanes Nicanor Luque y Gabriel Delgado, con la antigüedad de 27 de Noviembre de 1879 y de 15 de Enero último, el segundo.
A Capitanes efectivos de Id. Id. Á los Tenientes Pablo Odriozola, Pedro Lopez y Manuel Rodolfo Cornejo; los dos primeros con la antigüedad de 27 de Noviembre de 1879 y el tercero, con la de 13 de enero del año actual.
A tenientes efectivos de Id. Id. Id. Á los Sub Tenientes Belisario Beunza, Nicanor Beunza y Pedro Carlin, los dos primeros, con la antigüedad del 13 de Enero y el último con la de 15 del mismo mes del corriente año.

Conferir la clase de Sub Tenientes de Artillería de Ejército, a los de este empleo temporales, Abel Ayllón, Gerardo Soria, Manuel Forcelledo y Enrique Abasolo, todos con la antigüedad de 13 de Enero último.

Y POR CUANTO:

El Cirujano temporal de 1ª. Clase Doctor Julio Becerra, el practicante Bachiller Federico Gal y el Farmacéutico Francisco Guzmán, se han conducido dignamente en la Batalla del 13 de Enero del corriente año, en el morro de Chorrillos, donde cayeron prisioneros:

SE DECLARA: que han contraido merecimiento, el cual será tomado en consideración, al hacerse la calificación del Cuerpo de Sanidad Militar. Regístrese y Comuníquese.


Firma:  Aurelio García y García.


Relación nominal por Clases de los S.S: Jefes y Oficiales pertenecientes á la Comandancia Gral. Y Baterías de Chorrillos y Miraflores que asistieron á las Batallas del 13 y 15 de Enero último.
COMANDANCIA GENERAL

Sargto. Mayor       de Art. D. Ernesto D. Canseco         Jefe de Detall
Sub Tente. Temp.  de  Id.  “   Abel Ayllon                       Amanuense                            Prisionero
Id.                          de  Id.  “   Pedro Carlin             Ayudante
Id.                 Id.     de  Id.  “   Alberto Panizo                Id.                                      Prisionero
Id.                 Id.     de  Id.  “   Gerardo Soria                  Id.                              Prisionero

BATERIAS DE CHORRILLOS

Sargto. Mayor       de Art. D. Manuel  y Haza               1er. Jefe                                     Prisionero
Sub Tente. Temp.  de  Id.  “   Manuel Alegre                2do. Id.                                      Id.
Capitan                   de  Id.  “   Nicanor Luque                     Jefe de Pieza       Herido y Prisionero
Teniente                 de  Id.  “   Manuel Cornejo              Id.   de Id.                       Id.     
Sub. Tente. Temp   de  Id.  “  Manuel Forselledo         Oficial de Polvorín               Id.
Id.                  Id.      de  Id.  “  Enrique abasolo             Oficial de Pañoles                Id.

BATERIA DE MIRAFLORES

Sargto. Mayor       de Art. D. José E. Diez                    1er. Jefe                                       
    Id                       de Id.   D. Manuel Carrera              2do. Jefe
Capitan                 de  Id.  “    Gabriel Delgado                            Id. de Pieza
  Id   graduado      de  Id.  “    Pablo Odriozola                          Id. de Id.
Capitan Provisional  subteniente    Ramon Cavero                         Id.  de Id.
Teniente                de  Id.  “   Pedro Lopez                             Id.  de Id.
Capitan Provl.       de  Id.  “  Alejandro Torres             Oficial de Pañoles               
Tente. Temp.         de  Id.  “   José M. Balaguer              Id.   de Polvorín.   
Sub. Tente. Temp   de  Id.  “  Belisario Beunza           Ayudante.

AGREGADOS

Corl. Gdo.      de Art.  D. José Ruesta                          Herido y Prisionero
Tente. Temp.  De Art. D. Nicanor Beunza                                       Id.

SERVICIO SANITARIO

Cirujano de 1ª. Clase Temp.. Dr. D. Julio Becerra         Prisionero
Practicante Bachiller                    D. Federico Gal              Id.
Farmaceutico                                D. Francisco Guzmán    Id.


Ayacucho, Noviembre 1º. De 1881

Firma: Arnaldo Panizo.

miércoles, 26 de mayo de 2010

LA ULTIMA RESISTENCIA. La batalla en el Morro Solar de Chorrillos el 13 de enero de 1881.



Después de poco más de 5 años de investigación publico este libro en coautoría con el Sr. Ernesto Linares que trata sobre las baterías de costa del Morro Solar y su participación en la batalla de San Juan.
El Libro presenta una reseña histórica y geográfica, complementada con datos técnicos del armamento utilizado por peruanos y chilenos, mapas de ubicación, fotos reveladoras, relatos de sobrevivientes, documentos que sustentan la participación de los artilleros y biografías de combatientes.
Sin duda el trabajo más completo y específico que se ha escrito hasta ahora sobre las baterías de costa del Morro Solar.
Este libro sale a la luz gracias al apoyo del Sr. José Carlos Juárez que inaugura “una serie de futuras publicaciones que contribuyan a enriquecer nuestra visión de sociedad y fortalecer los compromisos que todos debemos tener con nuestra patria”
Los interesados en el precio y cantidad de ejemplares pueden escribirme a:

Juan Carlos Flórez Granda

sábado, 26 de mayo de 2007

Rescatando al Coronel Arnaldo Panizo: Documentos revelan importante participación en la defensas de Arica.(*)

Por Juan Carlos Flórez Granda
jcflorezg@sehcap.org

En la historia de la guerra de 1879 contra Chile, no siempre el Perú salió perdiendo cada encuentro. Podemos resaltar dos triunfos para las armas peruanas: la batalla de Tarapacá y el combate de Sangrar sin contar con las hechas por nuestro monitor “Huascar” en la campaña naval. Pero existen más acciones, tan gloriosas como las mencionadas que a la luz de los documentos es necesario resaltar y rescatar para orgullo de nuestra historia e identidad.

Nos referimos a los dos combates de costa en Arica, los días 27 de febrero y 17 de Marzo de 1880, antes de la toma del Morro el 07 de junio de 1880. Triunfo indiscutible para los peruanos y prueba de fuego de sus fortificaciones cuya jefatura de construcción cayó en las manos del Comandante General de Artillería de Campaña y Comandante General de las Baterías del Norte, el coronel Arnaldo Panizo. Aquí la historia.

Antes que Chile nos declarara la guerra, Arica era un puerto indefenso y desartillado. Es por ello que bajo el mandato de Mariano Ignacio Prado se ordena fortificar esa plaza llegando a ser, después del Callao, la más fuerte de la costa peruana.
La jefatura de los trabajos de fortificación recayeron, el 2 de abril de 1879, en la persona del coronel de artillería Arnaldo Panizo secundado por los Ingenieros Eléspuru y Castillo. Durante su mandato se construyeron y artillaron las Baterías del Norte: “Santa Rosa”, “San José”, “2 de Mayo” y las del Este, uniéndose estas por una línea de fortificaciones pasajeras.

El 13 de noviembre de 1879, la comisión inspectora de las baterías de Arica informaba lo siguiente:
“…Tengo el honor de dar cuenta á Us. de la inspección que se ha practicado en las baterías del Norte, mandadas por el Sr. Corl. D. Arnaldo Panizo, permitiéndome desde luego manifestar a Us. La satisfación que ha tenido la comisión al encontrar las citadas baterías en buen estado de adelanto, que no es fácil comprender que en el poco tiempo de su establecimiento se hayan emprendido trabajos de tanta importancia y significación que solo el patriotismo y constancia así como la inteligencia de su primer Jefe y disciplina de sus subordinados, pueden haber dado cima á una obra que está llamada a dar un día de gloria al país…”

Efectivamente la comisión no se equivocó en el informe remitido al Coronel José de la Torre, Jefe del Estado Mayor del Primer Ejército del Sur en ese momento.
El 27 de febrero fue la gran ocasión de verificar la inexpugnabilidad de la plaza, apoyados por el monitor “Manco Capac”.
Los apuntes del parte del cononel Panizo nos muestra fe de ello:

“…A las 8am del día de hoy, me constituí como de costumbre en los trabajos de fortificación de campaña que están bajo mi dirección y estando allí, me llamó la atención la proximidad del “Huascar” a las baterías del “Morro” y desde ese momento creí inevitable un combate, el que no se dejó esperar; pues a las 9am rompió sus fuegos dicha batería.
Inmediatamente pasé a las baterías del Norte acompañado del Sargento Mayor, D. Pedro Ugarteche, del Ing. Señor Teobaldo Eléspuru, del Secretario de esta comandancia Sargento Mayor Graduado, D. Ernesto Diez Canseco y del ayudante Subteniente Don. M. Gerardo Soria; donde encontrando a Ud. Me ordenó tomara el mando de dichas baterías.
Constituime en la de “Santa Rosa” que fue la primera en hacer fuego…” “…siguiendo inmediatamente la de San José…” “…El combate continuó contra el “Huascar” y la corbeta “Magallanes” que se le unió poco después hasta las 10h30am, dando comienzo de nuevo a las 11 y terminando a las 4pm por haberse puesto el enemigo fuera de tiro, huyendo del monitor “Manco Capac” y de los fuegos del “Morro” y de las baterías del Norte, haciendo los últimos disparos la de San José..” “ El Benemérito Sor. Contralmirante y Us. Testigos oculares habràn quedado complacidos del entusiasmo y valor de los que combatieron bajo mis óredenes en las Baterías del Norte…”

Cabe resaltar en este combate que el monitor “Huascar” ya en poder de Chile, recibió el bautizo peruano debido a un certero tiro del monitor “Manco Capac” que, con un proyectil de 500 libras, acerto directamente llevándose de encuentro el palo de mesana y al comandante Manuel Thompson y pudo sufrir peor furtuna si es que en ese momento el otro cañón del monitor peruano no hubiera sufrido contratiempos al ser disparado.

Esta fue, como habíamos mencionado el primer combate de costa ganado por los peruanos en una operación conjunta entre la artillería del ejército y marina.

Veinte días después las fortificaciones de Arica afianzaron su inexpugnabilidad por mar, contribuyendo notablemente al desbloqueo del puerto por intermedio de la corbeta “Unión” comandanda por el Comandante Manuel Villavicencio.

El parte del coronel José de la Torre nos dá luces de este segundo combate:

“…Tan luego que se me dio parte en el campamento de que la corbeta “Unión” había fondeado en el puerto, en la mañana de ayer, me constituí inmediatamente a bordo á fin de disponer lo concerniente, para el desembarco de lo que conducía, y atender a la vez, á la provisión de lo que necesitara. En efecto, así lo verifiqué y habiéndose apercibido a poco rato, que el monitor “Huascar” se dirigía a la rada, ordené al comandante del monitor “Manco Capac”, que se encontraba en la corbeta, se saliera una y media milla afuera, con el buque de su mando, para cubrir con sus fuegos a la “Unión”; disponiendo á la vez que el coronel D. Arnaldo Panizo, que me acompañaba en esos instantes, se constituyera en su puesto, como Jefe que era de las Baterías del Norte, con el objeto de atender a la parte que le concernía, en el combate próximo a librarse….” “…A las doce se rnovó el combate, el cual se hizo general desde ese momento, siendo de notar que dirigiéndose el “Cochrane” a atacar de un modo decisivo a la “Unión”, tuvo que desistir de su empeño, por tres certeros de a trescientos que le dirigió las baterías del norte, y por el nutrido fuego que se le hacía de todos nuestros fuertes, marchando a todo su andar á colocarse al frente del “Morro”, de donde también fue rechazado, haciendo apagar el fuego del enemigo á las 2:20pm…” “…Concluido el combate, me constituí à las 4 horas 30 minutos pm en la corbeta “Unión”, y oredené a su comandante que zarpara en el acto, aprovechando, de la oportunidad de haberse reconcentrado hacia el Oeste los buques enemigos…” “…Efectivamente, á las 5 y 15pm., levó anclas la corbeta y se hizo a la mar con rumbo sur, entre los hurras de los valerosos combatientes, que la habían defendido con abnegación y entusiasmo…” “…no concluiré sin encomiar la decisión y entusiasmo general de los combatientes; permitiéndome recomendar particularmente a Us., al Comandante General de las Baterías de esta Plaza, Capitán de Navío D. Camilo Carillo, Al Coronel D. Arnaldo Panizo y al Capitán de Fragata Comandante del monitor “Manco Capac” D. josé Sanchez Lagomarsino, á quienes se les debe el que no se haya perdido la corbeta, que hubiera sido destruida por la artillería enemiga…”


Esta acción le valió al coronel Panizo recibir un telegrama de felicitación el día 19 de marzo:

“Sr. Coronel Panizo. Arica. El amigo y el Jefe te felicitan por los bellos resultados que han dado tus incesantes trabajos en las baterías. Firmado: Montero...”

Llegamos al final de esta primera parte en rescate de un personaje poco mencionado en la historia pero de vital importancia para el entendimiento de la guerra. En futuras publicaciones mostraremos otras acciones muy relevantes de Panizo en el Alto de la Alianza y en la Defensa del último bastión de la resistencia peruana en Chorrillos: el Morro Solar.

¿Quién fue el coronel Arnaldo Panizo?.

Fue hijo del Almirante Juan José Panizo y Talamantes, héroe naval asesinado durante la revolución de Prado y Montero el 24 de junio de 1865. Ingresa a la Escuela Naval Militar el 8 de Enero de 1856. Participa en la ocupación de Ecuador como Sub Teniente de la 1a. Cía. del Batallón de Artillería de Montaña y como Sub Teniente en la 3ra. Cía del Escuadrón Volante a mando del Coronel Francisco Bolognesi. Contribuyó a recuperar el cuartel de Sta. Catalina durante la revolución de los hermanos Gutiérrez.

En la guerra con Chile, fuera de lo que hemos dado a conocer en este artículo, participó en la Batalla del Alto de la Alianza el 26 de mayo como Comandante General de Artillería comandando el ala izquierda de la línea llegando a salvar 2 cañones, 1 ametralladora, el parque sobrante y 36 artilleros, dejándolos en Puno.
Fue nombrado Comandante General de las Baterías de Chorrillos y Miraflores. Organizó y actuó en la Batalla del 13 de enero, comandando las baterías Mártir Olaya, Provisional y Marcavilca. Fue el real defensor del Morro Solar, último bastión de la defensa peruana, resistiendo en la batería principal hasta las 2:10pm. Injustamente la historia nombra al coronel en ese entonces, Miguel Iglesias, como defensor del Morro cuando lo fue valerosamente en Chorrillos hasta ser capturado alrededor de las 12 del día. Iglesias nunca pisó la cima del Morro Solar. Fue Panizo junto con sus artilleros que llevaron sobrehumanamente la última resistencia desde las 12 hasta las 2:10pm, sin rendir el Morro.

Conclusión

No todo es negativo en la historia de la pasada guerra con Chile. Vendimos muy cara nuestras derrotas y en muchos casos ganamos en base a ingenio y patriotismo a pesar de estar en inferioridad de condiciones, como es el caso de estos dos combates poco mencionados en nuestra historia.
Han pasado más de cien años de esta guerra. Es vital para todo peruano aprender de cada acción y analizar concienzudamente cuales fueron nuestros errores y virtudes para no volverlos a comenter.
Hoy día Chile emprende una campaña recordando a sus héroes de esta “epopeya”, como la llaman ellos, y que el Perú como respuesta debería hacerles recordar a cada habitante chileno que los peruanos luchamos en inferiores condiciones y ellos no obtuvieron triunfos fáciles como algunos sostienen. Difícilmente podrá ocurrir otra catástrofe como la que ocurrió en 1879 porque fue a partir de esta experienca es que el concepto de unidad frente a la adversidad se afianzó en nuestra nación y sobradamente lo hemos demostrado en posteriores conflictos.

(*) Texto publicado en el diario "La Razón" el martes 24 de Abril del 2007.

lunes, 2 de abril de 2007

ACUCHIMAY: La otra cara de la batalla. (*)

Introducción.-

El 22 de febrero de 1882 fue una época para el olvido. Dos fuerzas peruanas, las del General Andrés A. Cáceres y las del Coronel Arnaldo Panizo se enfrentaron en plena guerra, teniendo al enemigo en nuestro territorio.

La mayoría de historiadores civiles y militares, exceptuando a Jorge Basadre y algunos otros, han escrito este incidente obviando los testimonios de los contrarios para mostrar una versión parcializada, justificando así acciones poco difundidas.
El presente trabajo intentará explicar desde otra óptica los hechos como fueron, teniendo a la vista documentos originales, algunos, nunca antes mostrados.

Panorama nacional de enero a noviembre de 1881.-

Para comprender el incidente de Acuchimay es vital entender el caos político que vivía el país en esa época.
Después de la derrota de Miraflores, Piérola se retira con sus oficiales a la sierra. Para ello decreta en Chocas como lugar de residencia de gobierno “donde se encuentre el Jefe Supremo y su Secretario General”. Asimismo divide el país en 3 jefaturas políticas y militares: La del Norte al mando del contralmirante Lizardo Montero, el Centro a Juan Martín Echenique y el Sur a Pedro Alejandrino del Solar.
Paralelamente en Lima, el Jefe Supremo recibe una carta del Alcalde de Lima, Rufino Torrico comunicándole que una junta de notables deseaba visitarlo para explicarle las condiciones de abandono en que se encontraba la Ciudad. En realidad Chile comenzaba a presionar a la gente de Lima para negociar la paz según sus intereses y por ningún motivo negociarían con Piérola ya que sabían, entre otros motivos, que no cedería territorio y a cambio otorgaría una indemnización económica al vencedor.
El ejército de ocupación impone cupos a las personas más adineradas de Lima a fin de acelerar el proceso de un nuevo gobierno que cumpla con sus intereses. Resultado de ello el 18 de febrero se celebra la primera junta de notables y eligen al General La Puerta pero se niega a aceptar el cargo de Presidente. El 22 se celebra otra junta y eligen a Francisco García Calderón, Presidente Provisorio. Chile ve con buenos auspicios esta elección porque abrigaban las esperanzas de obtener al fin la paz bajo sus condiciones de una forma rápida.
Tenemos, entonces, dos gobiernos: el de García Calderón apoyado por Lima y Chile y el de Piérola apoyado en ese entonces por la mayoría de la población.
Surgen protestas en todas las jefaturas políticas y prefecturas del país por la elección de García Calderón, pero la figura no cambia.

Para ese mismo mes Piérola asciende a Cáceres a General de Brigada en mérito a sus actuaciones en San Juan y Miraflores y en abril Cáceres se pone a sus órdenes. El 25 de Abril es nombrado Jefe Político Superior de los Departamentos del Centro en reemplazo de Juan Martín Echenique y en mayo Piérola establece su gobierno en Ayacucho.

Plan de contra ataque peruano boliviano.-

Sobre esta estrategia históricamente no se ha dicho casi nada y por el contrario se ha procurado ocultar. De otra forma, la figura de dividir el país en 3 jefaturas sin un plan establecido tendría como finalidad el mostrar otro desacierto de Piérola.
El Teniente Coronel, Celso Zuleta en su conferencia publicada en el “Boletín de Guerra y Marina” del 01 de julio del año 1909 indicó detalladamente este plan. Como réplica, el Mayor Alejandro Montani publicó una carta aclaratoria en la misma revista, intentando desmentir este plan exponiendo una respuesta del general pero existen otros documentos y testimonios que indican su existencia, el cual tuvo conocimiento Cáceres. Uno de ellos lo podemos encontrar en el archivo documental de la Biblioteca Nacional, una carta oficial que le escribe Juan Martín Echenique y Juan Francisco Ramos al coronel Belisario Suárez, fechada en Abancay, Noviembre de 1881. Otro documento fue el decreto de dimisión del 28 de noviembre de 1881, el cual nunca fue desmentido.

El plan expuesto era el siguiente: Calculadas las jornadas y demás circunstancias, el Gral. Campero saldría de La Paz con su Ejército, sobre Tarapacá, con el fin de quitarle a Chile la Caja Fiscal, destruyendo cuantas salitreras hubiese en pié.
El Dr. del Solar emprendería marcha sobre Tacna y Arica, con el Ejército de su mando. Los del Ejército del Sur emprenderían la marcha a unirse con el Ejército del General Cáceres, en La Quebrada, y el General Montero, limpiaría los Departamentos de su mando de fuerzas chilenas.

Para llevar a cabo este plan Piérola viaja a Bolivia. Envía emisarios a comprar armas a Argentina, se establecen las juntas preparatorias para dar una figura constitucional al Gobierno de Ayacucho a fin de proseguir con las negociaciones pero Chile solo reconoce al de García Calderón y en este panorama habría que agregar un factor externo y es la intervención norteamericana. El ministro de los Estados Unidos en el Perú, Mr. Stephen Hurburt influyó en el ánimo de los peruanos el obtener la paz sin cesión territorial.

Piérola llega de Bolivia, se establece la Asamblea Nacional y después del discurso del 28 de julio dimite como Dictador. Al día siguiente, la Asamblea Nacional lo elige Presidente de la República, dando así forma legal al nuevo gobierno. Aurelio García y García, Secretario de estado, comunica al cuerpo diplomático la elección pero los Estados Unidos lo desconoce.

Con fecha 16 de agosto de 1881, el General Cáceres envía una carta de felicitación y lealtad por haber sido elegido Piérola, Presidente de la República “…yo no puedo más que congratularme, en muy alto grado, al ver tanto la espontaneidad como la virtud resplandeciente y por tanto felicitar a V.E., muy sinceramente como así mismo al país por tan acertada disposición legislativa.
Por mi parte centuplicaré mis esfuerzos hasta donde me sea posible para secundar las elevadas miras de V.E., propendiendo a la salvación nacional en cuanto me lo permitan mis facultades…”

Volvamos al tema del gobierno de García Calderón. En el lapso que ejercía la presidencia, con la venia del ejército de ocupación, no vaciló en enviar emisarios y cartas a todos los jefes políticos superiores con el fin de “unificar el país”. La empresa no tuvo éxito sino hasta el 07 de Octubre, cuando en Arequipa se subleva a favor de su gobierno el Coronel José la Torre. Irónicamente Patricio Lynch, Jefe de la ocupación chilena había ya disuelto el gobierno provisorio porque, coincidentemente, en este punto, García Calderón tampoco iba a firmar la paz con cesión territorial.

El 3 de Octubre el contralmirante Lizardo Montero también desconoce a Piérola y acepta el puesto de Vicepresidente, influenciado por el trabajo de Hurburt sobre la paz sin cesión de territorios y la demora en la compra de armamento.

Piérola reorganiza el Sur suprimiendo la Jefatura Política y Militar, convirtiéndola en Comandancia General, dejando en el cargo al coronel Arnaldo Panizo quién recién por estas fechas se ponía sus órdenes por haberse escapado de la vigilancia chilena en Lima. Al contrario de lo que dice la historia, es recién en este momento que aparece en el panorama el coronel Panizo. El 29 de Octubre lo nombra Comandante en Jefe del Ejército del Sur.

El coronel Panizo y el General Cáceres eran de la firme idea de no aceptar bajo ningún pretexto al gobierno de García Calderón, al que calificaban de títere.

El 6 de noviembre García Calderón es llevado preso a Santiago y Lizardo Montero ocupa su lugar. En este lapso Piérola, con la finalidad de poner al tanto de los planes y asegurar la unidad, viaja a Chosica a reunirse con Cáceres. En Tarma se entera que el General lo había desconocido pero sin reconocer a García Calderón. Piérola, ya sin apoyo dimite en un decreto de tono duro, ordenando a las fuerzas que le obedecían ponerse a las órdenes de Cáceres.

Nueva situación.-

Tenemos, entonces, a dos ejércitos con una misma idea: no aceptar de ninguna forma al gobierno de García Calderón (GC). Si bien Panizo no vio con buenos ojos el desconocimiento de Cáceres a Piérola, cumplió con el decreto del último ya que se suponía tampoco iba a aceptar al de GC, como aparentemente lo demostraría en cartas anteriores. Cáceres envió una carta al Ministro Hurburt comunicándole el firme propósito de convocar a una asamblea donde se pueda elegir al Jefe Supremo.

El 09 de diciembre Cáceres ordena a las fuerzas del Sur comandadas por Panizo su movilización al cuartel general en Huarochirí. Panizo ordena al Prefecto de Ayacucho, Benigno Samanéz, proveer de todos los materiales y alimentación para la movilización del Ejército del Sur. Envía cartas a los coroneles Ibarra, Suárez Moreno y La Torre a plegarse al ejército del Centro.

Cuando todo estaba listo para la movilización ocurrieron varias deserciones, entre ellas las del coronel José Barredo y en Abancay la de medio Regimiento “Dos de Mayo”, dejando la plaza de Ayacucho sin recursos para la movilización. Este hecho fue comunicado a Cáceres a su debido tiempo y el 30 de Diciembre de 1881 dicta nuevas órdenes al Coronel para su traslado pero esta vez hacia Huancayo debido a tres factores: la epidemia de tifoidea que había en su ejército, las constantes deserciones nocturnas y la persecución que el ejército chileno había iniciado contra el Ejército del Centro.

Paralelamente a esta comunicación le había llegado a Panizo una misiva de Belisario Suárez comunicándole el reconocimiento del general Cáceres al Gobierno de García Calderón.
Panizo escribe al Jefe Político y Superior del Ejército del Centro una carta personal exponiendo su extrañeza y reafirmando que si eso era cierto, él y los suyos se retirarían a sus casas para no formar parte de una guerra interna.

La respuesta del General Cáceres el 02 de enero de 1882 fue muy clara:

“...Tengo en mi poder su muy estimable fecha 2 del presente; y por ella me he impuesto de los temores infundados que abrigan UU. por allá. Me dice U. que corre con insistencia, la voz de que aquí tratamos de aceptar como gobierno al de la Magdalena, y que al ser cierto esto, está usted resuelto, así como los Jefes que le obedecen, a retirarse, por completo, a sus hogares.

Esta decisión de U. y los suyos les honra sobremanera y crea U. que semejantes rumores carecen de fundamento. Bien notorio es que el país entero rechaza indignado, un gobierno nacido al amparo de las bayonetas enemigas y rodeado de un grupo de malos peruanos que en su obcecación están escarneciendo al Perú en su agonía…” “…Es verdad que el grupo de Lima trabaja porque nos pleguemos al gobierno de García Calderón, asegurándome que la intervención americana es un hecho, pero que el Gobierno Americano sólo espera la unificación del Perú, bajo el régimen constitucional, para conseguir de Chile una paz sin cesión de territorio. Yo bien se que esto es una celada, contra la cual es preciso vivir prevenido, deseche U. pues todo temor a este respecto y si como U. me dice en sus anteriores, es ineludible la unificación del país, tenemos mejores medios para conseguirlo, en Junta de Gobierno, que, como lo tengo dicho, me preocupa vivamente…”

Con esta respuesta queda claro el objetivo común pero la intervención del plenipotenciario Hurburt, influyó, tal vez, en el cambio de decisión el General y el 24 de enero decide reconocer a García Calderón sabiendo que estaba preso en Santiago desde el 06 de noviembre, y tuvo conocimiento de este hecho desde el 18 del mismo mes de noviembre por carta del Secretario General del Estado, comunicándole que a raíz de la prisión de GC. el contralmirante Montero asumía la presidencia de la república.

Al margen de lo que puedan indicar las memorias dictadas por Cáceres a Julio C. Guerrero y su hija Zoila Aurora, Panizo tuvo toda la disposición de movilizarse desde la primera orden recibida. Cáceres tuvo conocimiento perfecto de ello y que por razones de espacio en la revista no podemos explayarnos mejor

El problema principal entre Panizo y Cáceres fue la diferencia de ideas. Los dos tenían como objetivo combatir al gobierno de García Calderón pero los constantes cambios de opinión del General mermaron la confianza de Panizo y más cuando él era enemigo de todo motivo político. Para una mejor comprensión mostramos los cambios de decisión del General Cáceres en el periodo 1881 y 1882:

1). Acepta los títulos otorgados por Piérola
2). El 16 de agosto de 1881 lo felicita por su nueva elección como Presidente.
3). El 25 de Octubre protesta por las defecciones del Norte y Sur, tildando de traidores a los de Magdalena.
4). El 24 de Noviembre desconoce a Piérola pero sin reconocer a García Calderón.
5). El 23 de diciembre de 1881 escribe una carta a Panizo afirmando su posición de combatir a García Calderón.
6). El 21 de enero reconoce a García Calderón pero sin perder los títulos otorgados por Piérola.

La noticia del reconocimiento oficial al gobierno de Magdalena llega a Ayacucho el 24 de enero de 1882. Panizo inmediatamente renuncia al mando de la Comandancia, permaneciendo en su puesto hasta que el General designe su reemplazo.
“…En tal virtud, espero que VS. en el término de la distancia se digne mandar el Jefe que debe reemplazarme, y aceptar mis servicios como último soldado, en el único caso de tener que combatir con el Ejército chileno...” (Feb. 02/1882)

“…No dejaré de hacerle recordar que desde mi primera carta hasta la última que le he dirigido, en todas ellas, le he hecho ver con la mayor franqueza que jamás me uniría a la causa de la Magdalena, por lo que no ha debido Ud. creer nunca, ni suponer siquiera que yo pudiera variar de opinión, sin causa que pudiera ser justa; y es por esto que antes de ahora he pedido a Ud. mi relevo y que por medio de oficio vuelvo a renunciar irrevocablemente…” (Feb 05/1882).

En este aspecto, Cáceres, según su versión, critica la actuación de Panizo. Alega haber enviado al coronel “…Remigio Morales Bermúdez; pero cuando este jefe solicitó, el 15 de febrero, la marcha de la división, Panizo declaró que ni él ni los jefes que estaban a sus órdenes, reconocían al régimen provisional a que me había adherido…”. Otra inexactitud de las memorias ya que un amigo de Cáceres, el Sr. Manuel Brañez, después de sostener conversación con Panizo le escribe desde Ayacucho el 13 de Febrero de 1882, estando el coronel Morales Bermúdez ya de Prefecto: “…El señor Coronel Panizo, a pesar de mis instancias en dos conferencias habidas conmigo, no acepta por su parte el orden de cosas actual; pero que no se opone a él y espera a VS. para entregarle las fuerzas y retirarse después…”

Aquí es necesario aclarar: El hecho que el General Cáceres haya reconocido a un gobierno, no obliga al Coronel Panizo reconocerlo puesto que no existía un gobierno legal.


La Batalla

Cáceres cuidó mucho de no dar aviso a Panizo de su venida a Ayacucho. El Ejército del Sur firma un acta desconociendo a Cáceres. Panizo no la firma, cumpliendo su palabra de esperar su reemplazo, pero se la remite.
El 18 de febrero ocurre el desastre de Julcamarca, perdiendo Cáceres gran parte de su tropa por muerte y deserciones. Panizo “apresa” a Morales Bermúdez y lo hospeda en su casa. El 21, Cáceres llega a Ayacucho con la intención de sorprender a Panizo. Se arma a la población de Carmen alto. El 22 por la mañana Panizo se entera que las fuerzas de Cáceres están en formación de batalla. Concentra sus fuerzas en la plazuela de Santa Ana. Comienzan los disparos por la zona de Carmen Alto y las fuerzas de Panizo se movilizan hacia las alturas del cerro Acuchimay.

Citemos lo que nos dice el historiador Jorge Basadre sobre esta batalla:

“…Al aproximarse Cáceres a Ayacucho con sus diezmadas huestes, parte de las indiadas de esa ciudad, las del barrio de Carmenca, se le unieron. Panizo ocupó las alturas del cerro de Acuchimay. Los disparos anunciando el combate entre peruanos, en medio de la guerra contra el enemigo común, empezaron el miércoles de ceniza el 22 de febrero de 1882 al combatir las fuerzas de Cáceres contra las que bajaron del cerro; una y otra parte se inculparon por haberlos iniciado. Al empezar la refriega un batallón se sublevó a Panizo matando al coronel Rivera Feijoo y al segundo jefe, Comandante Zagal y dispersándose en seguida. Empezaron también a escucharse descargas en la población.

Cáceres escaló a caballo el Acuchimay con su escolta. Cuenta un testigo de lo que entonces ocurrió por haber pertenecido al bando de Panizo, el coronel Juan Vargas Quintanilla (en carta publicada en el opúsculo El coronel Arnaldo Panizo y el Combate de Acuchimay), que este no quiso disparar en esos momentos porque dijo: “Al fin es general peruano”. Después de breves palabras con mutuas recriminaciones, sigue narrando Vargas Quintanilla, diversos jefes, oficiales y soldados adversarios habían ya subido al Acuchimay a rendirse. Según Cáceres en sus memorias, después de escalar el cerro y al encontrarse frente a Panizo que estaba rodeado de otros jefes y oficiales, 300 individuos de tropa formados en columna y 4 piezas de artillería, alcanzó a ver a un corneta que había servido a sus órdenes en Tarapacá y le dijo: “¿También tu traicionas a tu general?,. ¡Viva el Perú! El soldado repuso: “Nos han engañado general” y dio también un estentóreo viva el Perú coreado por la tropa que así se plegó al caudillo. Las fuerzas de Cáceres no llegaban a 500 hombres; Panizo había estado mandando a unos 1500 (22 de febrero de 1882). Panizo y algunos de sus jefes fueron sentenciados por un consejo de guerra; pero Cáceres los hizo poner en libertad…” “…Parece que el plan de este caudillo (Cáceres) consistió en que parte de sus huestes aparentara que se rendía para de esa manera rodear a Panizo y deponerlo mediante un golpe sorpresa...”…” En el caso de Panizo no hubo el obedecimiento a las órdenes de una autoridad suprema. Combatiente pundonoroso en las campañas de acababan de efectuarse, fugado de Lima para ir a la sierra, su actitud no era de pacifismo ante los chilenos. Carecía por otra parte de ambiciones políticas…”…”En suma, este desgraciado episodio, en el que no hubo ánimo nefando, es una expresión de las lamentables consecuencias de la quiebra del Estado organizado que se había producido en el Perú y de la confusión espiritual que desconcertaba a muchos peruanos de buena fe en aquella época patética…”

Concordamos con algunas apreciaciones de Basadre pero a la luz de los documentos Cáceres nunca perdonó a Panizo el que no se plegara a sus constantes cambios de opinión. Panizo desde el primer momento tuvo las ideas claras con respecto al gobierno de García Calderón “…no ha debido Ud. creer nunca, ni suponer siquiera que yo pudiera variar de opinión, sin causa que pudiera ser justa; y es por esto que antes de ahora he pedido a Ud. mi relevo y que por medio de oficio vuelvo a renunciar irrevocablemente…”

Panizo lo esperó y hasta el último momento tuvo la franqueza de comunicar que su ejército, el cual ya no podía controlar, lo había desconocido. El no firmó el acta pero se la remitió encarándole las consecuencias de sus actos.
La historia la escribe los que ganan y sobre este hecho en particular echaron al olvido injustamente al coronel Panizo, militar que nunca fue borrado del escalafón y fue invitado posteriormente en el gobierno de Remigio Morales Bermúdez a ocupar el cargo de Ministro de Guerra y Director de la Escuela Naval Militar, declinando por oponerse a sus ideales.

¿Quién fue el Coronel Arnaldo Panizo?.

Fue hijo del Almirante Juan José Panizo y Talamantes, héroe naval asesinado durante la revolución de Prado y Montero el 24 de junio de 1865. Ingresa a la Escuela Naval Militar el 8 de Enero de 1856. Participa en la ocupación de Ecuador como Sub Teniente de la 1a. Cía. del Batallón de Artillería de Montaña y como Sub Teniente en la 3ra. Cía del Escuadrón Volante a mando del Coronel Francisco Bolognesi. Contribuyó a recuperar el cuartel de Sta. Catalina durante la revolución de los hermanos Gutiérrez.
Durante la guerra con Chile fue Jefe de las Fortificaciones de Arica. Se construyeron y artillaron bajo su mando los fuertes “Santa Rosa”, “San José” y “2 de Mayo”, uniéndose por una línea de fortificaciones pasajeras. Fue primer jefe de las Baterías del Norte. Combate el 27 de Febrero de 1880 contra el monitor “Huascar” y corbeta “Magallanes” como Comandante General de Artillería de Campaña y nombrado Jefe de la Plaza por ese día. Combate el 17 de Marzo mandando las baterías del Norte como Comandante General. Contribuyó al desbloqueo del puerto y al escape de la Corbeta “Unión”.
Participó en la Batalla del Alto de la Alianza el 26 de mayo como Comandante General de Artillería comandando el ala izquierda de la línea llegando a salvar 2 cañones, 1 ametralladora, el parque sobrante y 36 artilleros, dejándolos en Puno.
Fue nombrado Comandante General de las Baterías de Chorrillos y Miraflores. Organizó y actuó en la Batalla del 13 de enero, comandando las baterías Mártir Olaya, Provisional y Marcavilca. Fue el real defensor del Morro Solar, último bastión de la defensa peruana, resistiendo en la batería principal hasta las 2:10pm. Injustamente la historia nombra al coronel en ese entonces, Miguel Iglesias, como defensor del Morro cuando lo fue en Chorrillos y fue apresado alrededor de las 12 del medio día. Iglesias nunca pisó la cima del Morro Solar. Fue Panizo junto con sus artilleros que lucharon sobrehumanamente desde las 12 hasta las 2:10pm, sin rendir el Morro.

Llegamos al final de esta exposición no sin antes consignar un acápite de carta anónima publicada el libro “Guerra del Pacífico” de Pascual Ahumada Moreno (1889). Tomo VI página 448, que grafica lo sucedido en esa época y nos da luces sobre el desenlace de la batalla de Acuchimay.

Es nuestra intención, como mencionábamos al principio, presentar la otra versión de los hechos y esperamos que en un futuro cercano, nuestros historiadores puedan ofrecer, así como en este suceso, un profundo estudio de la pasada guerra del 79 más acorde a la realidad, con fuentes a la vista, como debe ser, y libre de pasiones políticas que han afectado a tantos personajes hasta hoy olvidados.

Ayacucho, Marzo 1º. De 1882.

Querido amigo:

Aprovecho de la ida a ésa de un amigo para sacarte del cuidado en que estarás por las exageradas que allí deben correr con motivo de la batalla que tuvimos el 22 del pasado en las alturas de Cuchimain, entre nuestras fuerzas y las de Cáceres.
A consecuencia de que este General se adhirió al titulado Gobierno Provisorio, siempre por él desconocido, las fuerzas de Ayacucho suscribieron un acta negándole su obediencia, puesto que dejaba de ser Jefe Supremo y reconocido.

No podíamos tampoco reconocerlo como Jefe Político, porque la Constitución invocada por el Gobierno a quien debía obedecer no reconoce esos cargos, creados por la dictadura en fuerza de las circunstancias y en mérito de su omnímodo poder. Solo nos quedaba para proceder honrosamente, uno de dos caminos: o disolver las fuerzas, privando al país de ese elemento de defensa, con tanto trabajo acumulado, o reservarlas para ponerlas a disposición del Gobierno que se forme alguna vez y que sea fruto de la voluntad de los pueblos y no de motines de cuartel o de la violación escandalosa de la misma Constitución que se invoca para alcanzar un prestigio que nunca se obtendrá.

Nos decidimos por lo último procediendo con un patriotismo levantado y que la pasión política no comprende, pero al que se hará justicia cuando el tiempo pase y haga volver el juicio a nuestros conciudadanos.
Informado el General Cáceres de nuestra resolución, el que había huido del enemigo común perdiendo casi íntegro el ejército del centro, dirigió sus fuerzas contra nosotros, que no éramos aun amenaza para nadie, y aprovechándose de que era hijo de este pueblo y tenia muchas relaciones, hizo introducir armas y municiones a las haciendas y caseríos de los suburbios y decidió sorprendernos en la mañana del 22 pasado. Nosotros solo tuvimos noticias de su aproximación a las 8am, y mientras nos preparábamos y municionamos las tropas, se pasó una hora. Desfilamos a las 10, pero no sabíamos por donde nos traerían el ataque; mas al dejar el pueblo se sublevó éste con las armas que había recibido y nos comenzó a hostilizar por retaguardia.

A la 1pm. las guerrillas anunciaron la presencia del enemigo por el lado del Carmen Alto en son de combate. Entonces pasamos del cerro de Santa Ana al de Cuchimain, y allí tendimos nuestra línea. No bien había concluido esta operación, cuando se rompieron los fuegos muy nutridos, tanto de artillería como de infantería hasta las 5.30pm, durante tres horas tres cuartos.

Como el General Cáceres hubiese traído armas sobrantes, armó al pueblo de Carmen alto, y esta gente con las de las haciendas y la tropa que trajo, ascendía como a 3000 hombres. Nosotros teníamos 1200 escasos, y sin embargo, sufríamos fuego por vanguardia y fuego de la población por retaguardia; aquello era un infierno; y en medio de todo, lo más raro es que después de vencedores estamos prisioneros, debido a la generosidad del Coronel Panizo y su noble corazón.
Es el caso que se pasaron a nosotros, ya en la tarde, la mayor parte de los principales jefes y oficiales con tropa, las tropas con culatas arriba y los jefes implorando nuestra generosidad y tratándonos de hermanos. Panizo, al fin caballero, como lo es, no quiso inferirles el desaire de desarmar ni a los jefes, ni a los oficiales, ni a la tropa, y esperábamos que llegase el General Cáceres a rendirse, pues veíamos que también venía. Mientras tanto se fueron organizando a retaguardia de dos compañías del Batallón Libres, que mandaba en persona el intrépido Coronel Vargas, y también a retaguardia de la artillería, todos pasados con sus armas. Sube el General Cáceres y se pone a cuestionar con el coronel Panizo; los desleales pasados dan sorpresivamente el grito de ¡Viva Cáceres! y todo se vuelve un espantoso laberinto.

El coronel Vargas pudo mandar a hacer fuego, y habría castigado esa vileza; pero habrían muerto inevitablemente los coroneles Panizo y Bonifaz, y aun el mismo General Cáceres y sus demás jefes. Ante tan dura extremidad, y recordando que la guerra aun no ha concluido y que quizá son necesarias esas vidas para la salvación de la patria, el coronel Vargas prefirió entregarse como prisionero, convencido de que las victorias entre hermanos no son verdaderos triunfos y que era muy caro el precio de que él pudo obtener. Está, pues, preso por sus nobles sentimientos, y dice que no se arrepiente de haber perdonado la vida a los que se llaman sus vencedores.

Los que hemos sido honrados soldados y hombres de honor, estamos, pues, en una prisión. Nuestra culpa es no haber reconocido a un Gobierno que no lo fue jamás para los mismos que creen delito hoy nuestro modo de juzgar; que juzgaron ayer lo mismo que nosotros. Y se nos llama traidores, a los que solo hemos defendido la bandera de la patria y caído defendiéndola, por los que la han traicionado dos veces...

El resultado de tantos escándalos es la ruina del país, pues el ejército del centro y la magnífica división del Coronel Panizo casi no existe. Están reducidos a 500 hombres cuando más, porque todas las fuerzas se han dispersado. Así ha acabado este drama abominable, dejando una página de vergüenza en la historia de nuestras desgracias.


Fuentes:

- Documentos originales del Coronel Arnaldo Panizo. Colección JCFG.
- Documentos originales del General Andrés A. Cáceres. Colección JCFG
- Documentos originales referentes al Combate de Acuchimay. Colección JCFG
- Diario Oficial – Meses Junio a Octubre de 1881. Colección JCFG
- Guerra del Pacífico. Pascual Ahumada Moreno. Tomo VI. Biblioteca Nacional del Perú
- Revistas de Guerra y Marina. Conferencias del Tnte.Coronel Celso Zuleta. Hemeroteca del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú.
- Archivo Piérola. Caja del mes de Noviembre 1881. Biblioteca Nacional del Perú
- Memorias de la Guerra del 79. Julio C. Guerrero. Editorial Milla Batres (1973)
- El coronel D. Arnaldo Panizo y el Combate de Acuchimay. Colección JCFG.
- Historia de la República del Perú.Jorge Basadre.Tomo VIII, Pág. 377-379
- Partido Demócrata. Declaración de principios y documentos. 1950.
- Folleto “En guarda de mi Responsabilidad”. Coronel Panizo. Colección JCFG
- Legajo del Coronel Arnaldo Panizo. Caja No.12 Archivo del Cuartel Militar del Perú.
- Archivo Recavarren. Centro de Estudios Históricos Militares del Perú
- Conferencias del Teniente coronel Nicanor Beúnza.
- Archivo Histórico del Instituto de Estudios Histórico Marítimos del Perú.
- Los Generales Diez Canseco. Ernesto Diez Canseco (1950). Biblioteca Nacional del Perú



Juan Carlos Flórez Granda /SEHCAP
http://www.sehcap.org

(*) Artículo publicado en la revista del ejército peruano "Expresión Militar" No.29 del año 2007