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domingo, 3 de julio de 2016

UNA CARTA APOCRIFA ATRIBUIDA A BOLOGNESI

Por:     Juan Carlos Flórez Granda                    Juan Carlos Herrera Tello
jcflorezg@yahoo.com                          jcherrrerat@yahoo.com

"Nunca reclames nada para que no se crea que mi deber tiene precio"

Durante varios años hemos venido leyendo y tomado como cierta una carta dramática, llena de sentencias y con un valor a lo épico que conmueve y nos enrostra la soledad de un soldado en medio de su desgracia ante una defensa imposible, y lo único que le queda a él y sus hombres era solo cumplir con su deber.

La misiva atribuida a Francisco Bolognesi, fechada el 22 de mayo de 1880, parece estar dirigida a elevar a los militares de esa época en contra de la fracasada clase dirigente que nos llevó a la guerra y que pudiendo evitarla, la buscó, tal vez como salida a la situación económica que se vivía en el momento.

Como quiera que el primer presidente civil, Manuel Pardo, fuera el que aceptó firmar el tratado de Alianza Defensiva con Bolivia en 1873, y luego la presidencia constitucional de Mariano Ignacio Prado fuera la administración que “fugara” del poder, por los resultados de la guerra; y Piérola se constituye en el “asaltante” que con su conducta también fracasó, por lo tanto como resultado de estos hechos se pretende así demostrar como una tragedia inevitable que los “civiles” serían los responsables de la derrota.   

Leamos y analicemos la carta:

“Arica 22 de Mayo de 1880

Adorada María Josefa,

Esta será seguramente una de las últimas noticias que te lleguen de mí, porque cada día que pasa vemos que se acerca el peligro y que la amenaza de rendición o aniquilamiento por el enemigo superior a las fuerzas peruanas, son latentes y determinantes. Los días y las horas pasan y las oímos como golpes de campana trágica que se esparcen sobre este peñasco de la ciudadela militar engrandecida con un puñado de patriotas que tienen su plazo contado y su decisión de pelear sin desmayo en el combate, para no defraudar al Perú.

¿Qué será de ti, amada esposa, tú que me acompañaste con amor y santidad? ¿Qué será de nuestra hija y de su marido, que no podré ver ni sentir en el hogar común? Dios va a decidir este drama en que los políticos que fugaron y los que asaltaron el poder, tienen la misma responsabilidad. Unos y otros han dictado con su incapacidad, la sentencia que nos aplicará el enemigo. Nunca reclames nada, para que no se crea que mi deber tiene precio. Besos para ti y Margarita. Abrazos a …...

 Francisco Bolognesi…”

 
Foto 1. Carta de Bolognesi materia del presente artículo.
Haciendo un análisis imparcial y específicamente histórico encontramos los siguientes puntos en controversia:

1.- La fecha. En el siglo XIX por lo general se utilizaba el sistema lugar, mes, día, año pero en esta carta encontramos un fechado contemporáneo. Es decir, Lugar, día, mes y año.

2.- Tipo de letra. Al ser una carta personal, el tipo de escritura con la firma es totalmente distinta y por las líneas finales, muy forzadas para no llegar a obstruir la visibilidad de la firma. Esto hace suponer que se escribió sobre un papel en blanco que se encontraba ya firmado por Bolognesi. (Foto 1) o quizás una firma realizada con pantógrafo. Por lo general las cartas oficiales las escribían los amanuenses y el interesado solo colocaba su rúbrica. Las cartas personales, por su mismo carácter, eran redactadas por el interesado y más si era algo muy íntimo. Es por ello que llama la atención el distinto tipo de letra de la carta en mención, en comparación con otras misivas que se conoce redactadas por Bolognesi.

3.- Tenor de la carta. Para el 22 de mayo no se pensaba en una derrota del ejército aliado en Tacna y el ánimo estaba al tope. Lo demuestran, por ejemplo, cartas en fechas similares. Podemos citar en el mismo día una de Bolognesi dirigida a Domingo Lecaros:

“…Aquí se trabaja mucho, no temo al enemigo cualquiera sea su número, y aun en caso de un contraste en nuestro ejército, el enemigo allará aquí su tumba…” [i]

Aquel 22 de mayo de 1880 aún no se había realizado la batalla del Alto de la Alianza, que tuvo lugar el 26 de aquel mes. El ejército aliado aun preparaba su estrategia de defensa.

Si la batalla del Alto de la Alianza aún no había ocurrido, ¿cómo era posible que Bolognesi, un viejo oficial que sabía de la disposición de las fuerzas militares de ambos ejércitos y que aun Tacna no caía en manos de Chile pueda escribir: “cada día que pasa vemos que se acerca el peligro y que la amenaza de rendición o aniquilamiento por el enemigo superior a las fuerzas peruanas, son latentes y determinantes”?

¿Acaso como militar no debió sugerir que en vez de cuidar aisladamente Arica, todo su contingente podría prestar mejores servicios en la defensa de Tacna? 

La propuesta de rendición de la Plaza de Arica hecha por el chileno Juan de la Cruz Salvo ocurrió cuando Tacna ya había sido ocupada y aniquilado al ejército aliado, y esto ocurrió el 5 de junio de 1880, como así lo detalla Gerardo Vargas en su texto “La Batalla de Arica”. La carta como vemos, no concuerda en los tiempos en que se realizaron los acontecimientos históricos, sino que esta irrumpe y determina sucesos del futuro que obviamente sucedieron pero en el momento de su redacción no eran previsibles.

4.- El Destinatario es María Josefa de la Fuente.- Un aspecto determinante que no concuerda con los sucesos del momento, es que la epístola está dirigida a la esposa de Bolognesi, es decir a la señora María Josefa de la Fuente y Rivero, con quien tuvo cuatro hijos, Francisco, Rosa, María y Margarita. El primero falleció en 1878 y Rosa murió en 1881 como así lo detalla el árbol genealógico establecido por Francisco Javier Carbone Montes en su conocido sitio web de genealogía y lo corrobora el libro “BOLOGNESI”[ii]. Pero el héroe peruano estaba separado hacía muchos años de su esposa y tuvo otro compromiso con la señora Manuela Medrano Silva, con quien tuvo 4 hijos, de los cuales solo le sobrevivió Federico. Cesar murió en 1874; mientras que Enrique y Augusto murieron heroicamente a consecuencia de sus heridas en la defensa de Lima.

¿Se puede creer entonces que Bolognesi haya escrito: “Qué será de ti, amada esposa, tú que me acompañaste con amor y santidad”? Realmente huelgan los comentarios. Por otro lado Federico Bolognesi hijo mayor del héroe con la Sra. Manuela Medrano (es decir con su segundo compromiso) nació en el año de 1861. Mientras que la única hija casada de Bolognesi era Margarita, quien contrajo nupcias el 23 de diciembre de 1863 con el conocido músico Melitón Cáceres Anadón. Entonces ¿Cómo se puede explicar que Bolognesi pueda haber escrito “¿Qué será de nuestra hija y de su marido, que no podré ver ni sentir en el hogar común?”, que como vemos él, en el momento del matrimonio de su hija ya estaba separado de su esposa?

Pero es más grave la sentencia que se dicta en la carta, donde Bolognesi propone: “Nunca reclames nada, para que no se crea que mi deber tiene precio”. Para demostrar la falta de toda connotación histórica de la carta, en especial sobre este párrafo, transcribimos la carta enviada por María Josefa de la Fuente y Rivero al entonces Jefe Supremo Nicolás de Piérola, la cual se encuentra en el archivo “Piérola” ubicado hoy en los repositorios de la Biblioteca Nacional:

“Arequipa, Octubre 29 de 1880.
Exmo. Sr. Don Nicolás de Piérola
Lima

Muy señor mío:

Hace tiempo que por conducto de esta Prefectura marchó el expediente que he organizado para que V.E. expida a mi favor la cédula de montepío que me corresponde como viuda de mi esposo el Coronel Bolognesi. Hasta el presente no ha resuelto nada V.E. en este asunto y supongo sea la causa la multitud de asuntos que demandan su atención en la crítica situación por que atraviesa nuestra querida patria.

Suplico a V.E., cuando se lo permita el tiempo, que atienda a mi solicitud decretando lo que estime de justicia.
           
El Doctor Hipólito Sánchez íntimo amigo de mi difunto esposo y mío se ha dirigido a V.E. recomendándole este asunto y V.E. se ha dignado contestarle satisfactoriamente, lo cual agradezco a V.E.

También mi esposo ha vendido al gobierno unos cañones cuya cantidad no se le ha abonado y no se a que ascienda; espero de V.E. me ilustre en esta cuestión para hacer el reclamo consiguiente y cuya suma corresponde a mis hijas.
Agradeciendo anticipadamente a V.E. el servicio que me va ha hacer y suplicándole me dispense la molestia que le causo soy de U.

Su atenta y segura servidora 

Josefa R. viuda de Bolognesi[iii]



Carta de Josefa Rivero a Nicolás de Piérola ubicada en el Archivo Piérola de la Biblioteca Nacional del Perú.
Como se aprecia, esta fue recibida el 15 de noviembre de 1880 y contestada tres días después.

Esta carta, además de lo dicho más arriba, es determinante para establecer la incongruencia de la misiva atribuida a Bolognesi que estudiamos y que se ubica fechada el 22 de mayo de 1880, como si se estuviera ante la inminente toma del morro de Arica.

El contenido de este último documento, es totalmente opuesto al designio impartido por Bolognesi en su supuesta carta, porque la viuda solicita desde “…hace tiempo…” la cedula de montepío al mismísimo Nicolás de Piérola que era el jefe del Estado peruano. Y si escribía esta misiva en octubre, es de suponer que ya antes había iniciado los trámites y estaba reforzando y apurando su solicitud. Ante esto (en el supuesto que ya negamos de la autenticidad de aquella carta), entonces ¿Cómo queda la viuda del héroe si Bolognesi le había escrito: “Nunca reclames nada, para que no se crea que mi deber tiene precio”?

María Josefa de la Fuente, fallece el 10 de octubre de 1883 a la edad de 76 años en Arequipa. Con seguridad, por el estado en que se encontraba el erario público y la situación económica agobiante para la defensa del país, ella no pudo cobrar la pensión ni los sueldos atrasados de su cónyuge y el trámite fue continuado por Margarita Bolognesi de la Fuente, su hija menor, quien recién el Estado le reconocería la deuda por Resolución Legislativa de 13 de octubre de 1890, cuando ya había acabado la guerra y el Perú estaba levantándose de las ruinas en que se encontraba.      

Desde esta perspectiva comenzamos a tener varias interrogantes, entre otras, y la más importante es saber ¿Cómo es que aparece esta carta? y ¿En qué textos especializados se conoce de su existencia?

Difícil ha sido para nosotros encontrar la primera publicación de esta carta apócrifa, ya que no hay referencias especializadas ni textos serios que la hayan tomado en consideración.

Recientemente el impecable texto que editara el Ministerio de Defensa sobre Bolognesi, no considera la misiva y menos en su impresionante contenido fotográfico se ubica la supuesta foto de representación que en principio era atribuida a los héroes de Arica.

Si una publicación oficial no la contempla, ¿Es posible que ellos sepan que la carta pueda ser apócrifa? Y de ser así, ¿Por qué permiten que en los medios de comunicación se siga diciendo y leyendo párrafos de esta carta?

El primer estudio serio sobre Arica y el heroísmo de Francisco Bolognesi lo ha hecho como ya hemos escrito, Gerardo Vargas Hurtado. Otros textos de importancia como la “Historia de la República del Perú” de Basadre, que empezó a publicarse desde 1939 y después de ella en sucesivas ediciones corregidas y aumentadas en datos, nunca fue incluida la misiva que comentamos.

Entre otros textos de importancia mencionaremos “La Historia Militar del Perú” de Carlos Dellepiane editado en 1931. Un texto muy leído por los testimonios que contiene es el de Ismael Portal, “Bolognesi y sus Hijos”, cuya segunda edición de 1950 tampoco consigna la misiva. Del mismo modo tampoco aparece en la “Recopilación de Partes y Documentos de la Guerra del Pacífico” editado por Milla Batres en 1980.

Gustavo Pons Muzzo uno de los historiadores más minuciosos y discípulo de Basadre escribió un texto amplísimo “El Coronel Francisco Bolognesi y el Expansionismo Chileno”, en 1987. De igual forma el tomo XI volumen III de la “Historia Marítima del Perú”, escrito por Melitón Carvajal Pareja[iv], publicado en el 2013. Todos estos textos no consignan en ninguna de sus páginas la misiva que estudiamos.  

Pero la carta sí la encontramos a manera de anexo en el texto de Juan del Campo Rodríguez “Batallas Legendarias del Perú y el Mundo” (pág. 218)[v], también la encontramos en “Coronel Bolognesi su Biografía Documentada: Histórico Encuentro Nacional de Historiadores en Arequipa”, publicación realizada en el año 2008 y en su presentación dice: “Valiosa contribución al estudio de la vida del ilustre Francisco Bolognesi”. El autor revela la vida del héroe en seis capítulos que contienen una sólida documentación dada a conocer por “primera vez”. También en Arequipa se publica en 1983 la revista “Historia”, órgano oficial del Departamento Académico de la Universidad San Agustín (pág. 225). Arturo Santos Mendoza publica en el 2003 la carta en su texto “Arequipa: Juicio a la Guerra del 79” y al final de su transcripción en la página 83 nos dice: “¡Qué grandeza de éste hombre inmortal!”.

También encontramos esta carta en una publicación especial del Ejército del Perú[vi], editada en el año 2007 con ocasión de los 127 años de la inmolación del héroe, que le da validez, incluso publicando una reproducción de esta, que, como ya habíamos dicho, pareciera que se le atribuye connotaciones de valores militares, haciendo ver la decadencia de los civiles quienes fueron los que permitieron la derrota.

Son pues, en este tipo de publicaciones, algunas de ellas de indudable seriedad por sus autores, donde la carta fue siempre transcrita, y no se ha cotejado su veracidad y menos se ha publicado el original. En el Museo de los Combatientes del Morro de Arica, hay una copia escaneada y ampliada, y colocada dentro de un cuadro en pan de oro, donde se aprecia que ha sido copiada de un original.

Después de mucho buscar, encontramos que Luis Humberto Delgado Coloma fue el primero que da a conocer esta carta siendo la fecha de publicación el año de 1963 en un pequeño libro hoy casi desaparecido y tomado a menos, titulado “Drama del Perú”[vii]. 

Delgado fue un literato, historiador, pintor y diplomático peruano nacido en 1906 que realizó estudios en Perú y Francia, con un precedente de haber publicado más de 80 libros sobre historia peruana y temas de interés internacional, fruto de sus prolijas investigaciones. También fue conocido por estar involucrado en una serie de confusos problemas policiales y legales, entre ellos falsificación de documentos.

Como ya habíamos indicado, en 1963 publicó el texto “Drama del Perú” donde al momento de presentar su “descubrimiento” nos dice: “En el archivo de García Calderón he encontrado esta carta demoledora, que por primera vez se conoce y doy sin comentario”[viii] y luego da inicio a transcribirla.

Pero hay algo más que añade Delgado en una nota al pie de página, explicando los motivos de su “descubrimiento” y haciendo un intento de “justificar” su hallazgo nos dice:

“Siguiendo lo indicado por Bolognesi, su esposa nunca reclamó el montepío, ni recibió ningún premio del Perú. Su abnegación la llevó a vivir tres años después en la indigencia, y cuando entonces su hija reclamó al Estado, el Gobierno contestó al Congreso que no se explicaba la razón por la cual no se reclamó el montepío que estaba expedito para los deudos del héroe. Y esto, que parece una ironía, es sencillamente una lección que eleva más alto la memoria del defensor de Arica.- N. del A”[ix].

Como habíamos explicado, María Josefa de la Fuente vivió solo tres años más después de haber solicitado el montepío, trámite que culminó la hija menor Margarita y que obviamente no vivieron en la indigencia en Arequipa; la familia de La Fuente era una de las más acomodadas de la sociedad de aquella ciudad y María Josefa solo solicitó lo que le correspondía por derecho.

Pero Delgado nos tiene más “descubrimientos” del archivo de Francisco García Calderón. En 1965 a propósito del Centenario del Combate del 2 de mayo contra la flota española en el Callao publica una carta donde José Gálvez le da todo el crédito de la defensa de nuestro primer puerto a Mariano Ignacio Prado[x], (sobre esta carta atribuida a Gálvez, el Congresista Víctor Andrés García Belaunde demostró su falsedad en un riguroso artículo publicado en la Revista N° 31 del Archivo General de la Nación – mayo de 2016) y después en otro libro a fines de ese mismo año, “descubre” también cartas en el mismo archivo, de personajes históricos donde le proponen a Mariano Ignacio Prado a que este viaje a comprar armas en plena guerra con Chile[xi].

Sobre estas cartas, el historiador Percy Cayo Córdova en el tomo VII de la “Historia del Perú” de editorial Juan Mejía Baca[xii], demostró su falsedad por la incongruencia que había en lugares, fechas y personajes, todo ello con la finalidad de elevar y justificar la figura de Mariano Ignacio Prado. Es curioso encontrar en todas estas cartas publicadas por Delgado el sistema de fecha actual. Es decir lugar, día, mes y año, y la caligrafía es similar en todas esas cartas.

Por otro lado es muy extraño que la carta de María Josefa de la Fuente que se encuentra en el archivo Piérola de la Biblioteca Nacional no se haya tomado en cuenta por los estudiosos de la historia y se encuentre olvidada, teniendo en consideración que el archivo Piérola inicialmente fue a parar a manos del historiador Rubén Vargas Ugarte, muy cercano a Luís Humberto Delgado.

En 1967, Vargas Ugarte en su texto “Guerra con Chile – La Campaña del Sur”[xiii] había avalado la publicación de Delgado sobre las cartas de Grau, Cáceres, Montero y García Calderón que proponían a Prado que viaje al extranjero a traer personalmente armamento. No obstante este acercamiento entre Vargas y Delgado, no se percataron que Piérola archivaba la solicitud de doña María Josefa, después de haberla contestado.

La carta atribuida a Bolognesi, y transcrita por primera vez por Luis Humberto Delgado en “Drama del Perú” no es la misma que encontramos reproducida en los textos ya descritos, porque difiere en lo siguiente.

1)    La carta de Delgado dice:
“su decisión de pelear sin desmayo”
La carta facsimilar dice.
“su decisión de pelear sin desmayos”

2)    La carta de Delgado dice:
“que no podré ver ni sentir”
La carta facsimilar dice:
“que no podrán ver ni sentir”

3)    La carta de Delgado dice
“han dictado con su incapacidad, la sentencia”
La carta facsimilar dice:
“han dictado con su incapaz conducta, la sentencia”

4)    La carta de Delgado dice:
“para que no se crea”
La carta facsimilar dice
“para que no crean”

5)    La carta de Delgado dice
“que mi deber tiene precio”
La carta facsimilar dice
“que mi deber tuvo precio”

Es obvio que el descubridor de esta “carta demoledora”, tuvo a la vista cualquier otro ejemplar menos el que se encuentra reproducido en el Museo de los Combatientes del Morro de Arica. Tampoco reprodujo Delgado la parte final de la foto ampliada que hoy conocemos que termina así: “Abrazos a Melvin” y finaliza: “A los parientes y amigos que tenemos, muchos recuerdos”.

Creemos necesario conocer en primer lugar si existe un original de esta carta, y si este existe debe ser mostrada al público y establecer su autenticidad con una pericia caligráfica. No es dable que un recinto histórico como lo es el Museo de los Combatientes del Morro de Arica, lugar donde nació Francisco Bolognesi, se contemple un documento apócrifo que mella su honor y el de su esposa.  

Los acontecimientos históricos han ocurrido en un determinado espacio y tiempo, estos son como son y no como nos hubiera gustado que culminen. La verdad siempre se abre paso, no obstante el tiempo transcurrido. Lo mejor sería eliminar del imaginario esta carta que degrada a todos aquellos que investigan historia, al menos hasta que se establezca 100% su veracidad, y peor aún de aquellos que, sabiendo la falsedad de los escritos, permiten con su silencio que algo así siga y permanezca como una certeza para supuestamente engrandecer al Coronel Francisco Bolognesi.

Francisco Bolognesi Cervantes, decidió quedarse y combatir hasta el final y de ello da cuenta la misma contra parte chilena cuando Juan de la Cruz Salvo no logró su cometido de convencer a los oficiales peruanos de rendir la plaza. Un Consejo de Guerra frente al oficial chileno muestra la decisión de todos de pelear hasta el sacrificio, y todos esos hombres aquel 7 de junio de 1880 nos dieron una lección de coraje y valor, que ha quedado para siempre atesorada en la memoria y honra del Perú.

Bolognesi y sus oficiales, no necesitan de misivas apócrifas para resaltar su valor, y para ello debemos de honrarlos guardando su memoria con solo decir únicamente lo que ocurrió, sin fantasear, sin engañar o en este caso en especial, sin falsificar documentos. Nuestros héroes del 7 de junio de 1880 siempre estarán presentes porque su legado es imborrable.





[i] Carta de Francisco Bolognesi a Domingo Lecaros. Arica, 22 de mayo de 1880. Copia digitalizada Juan Carlos Flórez Granda.
[ii] Bolognesi. Ministerio de Defensa, Ejército del Perú, Telefónica.
[iii] Archivo Piérola. Correspondencia recibida de Arequipa 1869 – 1894. Año 1880. Biblioteca Nacional del Perú
[iv] Historia Marítima del Perú. Melitón Carvajal Pareja. Tomo XI Vol. III. Año 2013. Editorial, Instituto de Estudios histórico – Marítimos del Perú.
[v] Batallas Legendarias del Perú y del Mundo. Episodios épicos y anécdotas militares. Juan del Campo Rodríguez. Editorial Fundación Academia Diplomática del Perú. 2002
[vi] “La Respuesta de Bolognesi” 5 de junio de 1880. Folleto editado por la Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú.
[vii] Drama del Perú. Luis Humberto Delgado. Ariel Editores, 1963. Pág.29
[viii] Drama del Perú. Luis Humberto Delgado. Ariel Editores, 1963. Pág.28
[ix] Drama del Perú. Luis Humberto Delgado. Ariel Editores, 1963. Pág.29
[x] Guerra entre el Perú y España - 1866: de la historia del General Mariano Ignacio Prado: con documentos originales e inéditos. Ariel Editores 1965
[xi] Estampas de la Guerra Perú y Chile 1879. Luis Humberto Delgado. Ariel Editores, 1963.
[xii] La Guerra con Chile (1980). Tomo VII de la Historia del Perú. Editor Juan Mejía Baca.
[xiii] Guerra con Chile - La Campaña del Sur. Abril-diciembre 1879, Memoria del General Juan Buendía y otros documentos inéditos: Introducción y notas de Rubén Vargas Ugarte. Carlos Milla Batres Editores.

sábado, 2 de julio de 2011

Miguel Iglesias y la Reconciliación Nacional

Por: Juan Carlos Flórez Granda (*)

 “…Más tarde hice reconocer la clase de general a Iglesias, quien se encontraba ya en Cajamarca, lugar a donde le envié los respectivos despachos con emisario especial. Muchos años después, cuando Iglesias volvió a Lima, fuimos buenos amigos. En nuestras pláticas no tocamos nunca nada relativo a Ancón…”[i] (Andrés A. Cáceres)

A propósito de la traslación de los restos del general Iglesias a la Cripta de los Héroes y los distintos pronunciamientos de algunas instituciones y medios de comunicación me llevo a preguntar si realmente tenemos la suficiente madurez y conocimiento de los hechos ocurridos durante la pasada guerra de 1879.

Mi intención no es juzgar la actuación histórica de un personaje como Miguel Iglesias sino analizar someramente el contenido de las airadas protestas, en cierta forma, injustas y con matices de preocupante intolerancia.

La palabra traidor, felón y cualquier otro calificativo, es comúnmente utilizada en historia cuando se quiere descalificar a un personaje sin base alguna. Cualquier historiador serio no lo emplearía si en este no hubieran suficientes pruebas fehacientes del hecho ocurrido. Además existe en nuestro lenguaje una riqueza de calificativos mucho más apropiados. En el caso de Iglesias, es utilizado hoy con rauda ligereza por cierto sector que se siente agredido, afectado o impotente de poder sustentar un contexto histórico, estando más preocupados o fanatizados en cuidar la imagen de otros personajes con una devoción que linda en lo religioso, por el hecho de haber tenido alguna vez rivalidad política.

En este contexto no puedo llegar a entender cómo Cáceres llegó a entablar amistad con un supuesto “traidor” o “felón”, como califican los  detractores de Iglesias. Es tan impensable como ver a respetadas personalidades actuales entablar una muy buena amistad con asesinos, espías o narcotraficantes. Eso originaría la descalificación moral de toda la sociedad hacia la persona quien entabla amistad con este tipo de gente.

Es por ello que me inclino a creer que el mismo Brujo de los Andes tuvo la tolerancia, madurez y suficiente inteligencia para respetar posiciones antagónicas y entablar una buena amistad con su otrora rival político.

El ejército peruano ha rendido innumerables honores al general Iglesias. Tengo en mi colección un retrato del general Miguel Iglesias en un calendario de los años 60’s junto a otro personajes como Grau, Castilla, Olaya, Melgar, Bolognesi y el mismo Cáceres. Sin duda como un homenaje póstumo a su vida y trayectoria. Comprobamos también que Iglesias fue Presidente Nato de la Benemérita Sociedad Fundadores de la Independencia en 1885 al igual que Andrés A. Cáceres Dorregaray en 1886. Es ejemplar cómo esta institución patriótica se mantiene al margen de las pasiones políticas y acusa un conocimiento histórico objetivo y real de cada personaje de la vida republicana.

El Morro Solar cuenta con un monumento a un Miguel Iglesias mirando hacia Chorrillos donde realmente lo defendió y no en el Morro como erróneamente nuestra historia hace énfasis, inaugurado durante la época del general Manuel Odría, siendo alcalde el historiador Evaristo San Cristobal. En una de las placas de bronce robadas hace unos años indicaba que era el “…Homenaje del Ejército del Perú y la municipalidad de Chorrillos al general Miguel Iglesias.  Valiente soldado de la Guerra del Pacífico…”

Si seguimos buscando en los archivos del Congreso de la República encontraremos que en 1928, durante el gobierno de Augusto B. Leguía se ordenó colocar en el sitio más conveniente la estatua de Miguel Iglesias con el fin de perpetuar su memoria[ii].  En 1943 se creó el distrito “Miguel Iglesias” en Celendín[iii] y en la década del sesenta, en Cajamarca un colegio militar con el nombre “Miguel Iglesias”[iv].

Es paradójico que con todos estos homenajes, monumentos, centros y lugares en memoria de Miguel Iglesias a través de nuestra vida republicana, sin contar con calles en su nombre, algunos levanten su voz de protesta tildándolo de traidor, felón y cuando calificativo existe sin más base que defender una posición políticamente apasionada, descontextualizando los hechos históricos en un tiempo referido y juzgándolo según los ojos del presente.

El Perú estaba en 1882, durante la campaña en la sierra, totalmente fraccionado. El país seguía a varios caudillos, dividiéndose las partes en Norte, Centro y Sur. La guerra interna era obvia. Unos eran partidarios de la paz, otros de continuar la guerra. Ambos pensamientos buscaban lo mejor para el país pero ese afán caudillista, egoísta o como se quiera entender, fue el detonante para que todos estos personajes no sean capaces de anteponer sus intereses personales frente a los del país y ponerse de acuerdo, arrastrando hasta hoy los mismos vicios. Seguimos echándonos la culpa entre peruanos y buscando mil excusas para justificar lo injustificable de lo ocurrido. En otras palabras no abrimos los ojos y no aprendemos de nuestro pasado. Y lo peor de todo es que en ese afán de descalificar al rival político nos remitimos a fuentes chilenas para cumplir ese objetivo con un peruano. De ahí surgen pues las desgraciadas frases políticas en plena guerra “primero los chilenos que a Piérola”. Es decir, a ese tipo de degradación llegan algunos peruanos con tal de descalificar a un rival en plena guerra.

Si me preguntaran cuál es mi opinión al respecto de Iglesias, respondería que no fue traidor.  Tampoco me parece justo que solo un grupo de oficiales sean trasladados a la Cripta de los Héroes. Tanto Iglesias, Cáceres y muchos combatientes que no están aun en este recinto han reunido y reúnen méritos suficientes por sus servicios en la defensa del Perú. Han tenido sus aciertos y desaciertos pero es totalmente injusto que se excluya de este recinto a los miles de soldados que, sin rango alguno dieron todo por el Perú. En vez de una cripta debería existir un camposanto como el cementerio estadounidense de Normandía, o el de Arlington y no estar rasgándonos las vestiduras fanatizándonos e insultando a cuanto personaje haya que no comulgue con las ideas del otro, pero a los detractores no les interesa eso.

A todo esto viene otra pregunta: ¿Los peruanos estamos preparados para una verdadera reconciliación?

El presidente electo Ollanta Humala declaró durante la entrega de sus credenciales:

"Asumiendo formalmente hoy la condición de Presidente electo de Perú, quiero reiterar el compromiso de ser el presidente de todos los peruanos y peruanas, y que mi gobierno aspira a reconciliar el país"[v]

Es de suma urgencia que en esa reconciliación también se incluya la objetividad histórica, construyendo un país de todas las sangres y no la mediocridad que aun nos polariza históricamente en una eterna lucha entre negros, blancos, mestizos, indios, chinos y cuanta combinación exista. Debemos de aceptar nuestra historia, sea buena o mala, aprendiendo de los errores y entendiendo nuestras culturas. Desde el momento que la aceptemos sin matices políticos, apasionamientos ni fanatismos y respetemos las distintas culturas que existen en nuestro país, es entonces que recién creceremos como nación unida.


(*) Director de la Sociedad de Estudios Históricos Coronel Arnaldo Panizo

 


[i] La Guerra entre el Perú y Chile 1879-1883. Extracto de las Memorias de mi vida Militar. Tomadas al dictado y recopiladas por Julio C. Guerrero. Editora Internacional. Buenos Aires 1924.
[ii] Ley No. 6075
[iii] Ley No. 9818
[iv] Ley 15550
[v] Periodista Latino.com 24 de junio del 2011. http://www.periodistadigital.com/inmigrantes/vida-cotidiana/2011/06/24/ollanta-humala-presidente-electo-peru-credenciales.shtml

martes, 26 de junio de 2007

La Ocupación de Lima


Luego de las batallas por Lima, en la Guerra de Chile contra el Perú, el general Baquedano pactó con el alcalde limeño Rufino Torrico para la entrega de la capital peruana con la consiguiente ocupación por el ejército vencedor. Debido a que se preveía un enfrentamiento con el pueblo limeño, Baquedano eligió a los cuerpos más disciplinados, entre los que estaban los regimientos ¨Buín¨ 1° de Línea, Zapadores, Batallón ¨Bulnes¨, una brigada de artillería de campaña y los regimientos de caballería ¨Cazadores¨ y ¨Carabineros de Yungay¨.

Según Vicuña Mackena en su ¨Carta política¨, consigna que ¨...a las 4 de la tarde (del 17 de enero de 1881) empezó a entrar a Lima una parte escogida del ejército chileno, Lima parecía en ese momento un cementerio, nadie salió a las calles, salvo algunos extranjeros curiosos¨. La tristeza ciudadana era natural, por ello, las bandas del ejército chileno no tocaron, además de no despertar con sus acordes, alguna reacción patriótica en el pueblo. En cuanto al número de invasores que ingresaron, el tradicionalista Ricardo Palma, en sus ¨Cartas inéditas¨ nos cuenta que ascendió a 4,000 y lo hicieron ¨...con el mayor silencio¨; en la Plaza de Armas concluyó el desfile. En los días posteriores, los chilenos llegaron a 13,000,

Uno de los actos más dolorosos para el Perú fue el izamiento de la bandera chilena en los principales edificios, pero al lado de esta, también aparecieron emblemas de muchos países en diversos inmuebles, como símbolo de neutralidad, esto debido a que Lima era una ciudad que en su parte más céntrica, concentraba gran cantidad de comerciantes, la mayoría extranjeros, de tal forma que ellos exhibieron su emblema como señal de neutralidad.

La distribución de los diferentes cuerpos de ejército, se dispuso en los cuarteles de la capital y al no ser suficientes, se utilizaron otros locales del estado, como la Biblioteca Nacional, la Escuela de Ingenieros y el Palacio de la Exposición, además de las haciendas de los alrededores de Lima.

En un primer momento el comando chileno optó por tener acuartelada a la tropa, según Hipólito Gutiérrez en su ¨Crónica de un soldado de la Guerra del Pacífico¨, comenta que ¨...nos llevaron para Lima a un cuartel llamado Santa Elena. Ahí nos tuvieron acuartelados sin puerta franca. Como a los 8 días nos empezaron dar puerta franca...¨. El encierro a que fueron sometidos debió provocar insatisfacciones, puesto que todos pensaban descansar y gozar de placeres en la capital peruana.

Respecto a la población, ésta adoptó una actitud de reserva, de encierro. Según ¨El Heraldo¨ N° 174, ¨Lima está todavía como en viernes santo. No corre sino uno que otro carruaje; los carros del ferrocarril sin caballos...las tiendas cerradas y muchas casas como si acabara de morir el dueño...¨.

Según Gonzalo Bulnes en su ¨Guerra del Pacífico¨, dice que ¨...la sociedad limeña pasaba su tiempo encerrada en sus habitaciones, viendo pasar por entre los bastidores de sus ventanas esos uniformes odiados que le recordaban el deudo muerto, el hijo o el amigo ausente en el interior, sufriendo penalidades por seguir a un caudillo que les ofrecía una victoria segura. Todo era mustio y triste en Lima. Sus damas de distinción, las representantes de su aristocracia de nobilísimos blasones, no salían de su domicilio sino para ir a las iglesias el domingo y solamente allí se las veía desfilar, envuelto y casi cubierto el rostro con sus mantillas, como una protesta de aislamiento contra los invasores. La vida social estaba suspendida por completo. Ni teatros ni fiestas. En los hoteles y restaurantes dominaban los oficiales chilenos, a los cuales vigilaba severamente el General en Jefe¨.

Consolidada la ocupación, los invasores se apoderaron de las rentas del Municipio, se llevaron valiosas estatuas de los paseos públicos, así como cañones de la fortaleza del Callao y saquearon diversos establecimientos públicos y privados como la Biblioteca Nacional, la Universidad de San Marcos, la Escuela Militar, la Escuela de Artes y Oficios, el Colegio Guadalupe, el Palacio de la Exposición, el Jardín Botánico, etc.

Hubo un retraimiento que reflejaba lo difícil de la convivencia con el invasor. Ya que no se podía abandonar Lima, se recurría al vacío, destacándose el estado en que quedó la población masculina: heridos en cantidades que fueron atendidos en sus propios hogares, tanto por no haber sitio en los hospitales o enfermerías, cuando por evitar que los chilenos puedan conocer los nombres de todos los que participaron en las luchas y tomar represalias. Se buscaba en lo posible mantener el secreto.

Ante algunas violaciones y abusos de la soldadesca chilena contra las mujeres limeñas, la población respondía asesinando a los culpables, pero ante la fuerza de las armas enemigas por vengar la muerte de sus paisanos, muchas veces eran fusiladas personas inocentes. El 12 de marzo de 1881, fue muerto el orate llamado Cabo Cruzate en la esquina denominada Campanas; el 28 de marzo del mismo año hubieron dos ejecuciones en la plazuela de San Lázaro.

Según el diario ¨La Situación¨ en su número 109, en los primeros días de setiembre de 1881, cinco soldados chilenos ingresaron a la hacienda de Chavarría, cercana a Lima, en donde robaron y cometieron otros escandalosos crímenes; los agredidos mataron a los cinco chilenos. El tribunal militar nombrado, mandó tomar presos a todos los vecinos, pero los que en justa defensa mataron a los soldados chilenos, ya habían fugado. Al no haber testigos que declarasen, los invasores escogieron como víctimas a los arrendatarios y administradores del fundo y fueron condenados a muerte; el tribunal acordó además condenar a los citados reos, a la pena de confiscación de sus bienes, esta sentencia fue dictada el 29 de setiembre por Estanislao del Canto, J. León García, Diego A. Donoso y Julio Centeno.

Ese mismo día fueron sorprendidos varios sujetos cuando desenterraban cañones en Piedras Gordas, dos de ellos fueron fusilados. El 20 de julio de 1882, corrieron la misma suerte dos limeños en la plazuela de la Salud, tras el ¨quinteo¨, es decir, en los lugares que los chilenos querían dar un escarmiento, tomaban prisioneros a 5 peruanos y luego de un sorteo, fusilaban al que salía elegido. Este medio represivo fue muy cuestionado por miembros de los cuerpos diplomáticos acreditados.

La ocupación de Lima por las tropas invasoras, trajo muchas penalidades a la población, hasta que una mañana de agosto de 1884, el asta colocada en la Plaza de Armas amaneció sin la bandera chilena. Esa mañana habían desaparecido los chilenos de la capital, por ello la gente corrió la voz y comenzó a congregarse en el lugar. Las llaves de la puerta del Palacio, habían sido dejadas en la estación del tren.

A las 10 de la mañana entró una compañía de soldados peruanos, deteniéndose frente a Palacio, lugar al que penetraron; más tarde se supo que buscaban una bandera del Perú, no encontrándola ya que todos los emblemas se habían convertido en trofeos de guerra. Para entonces se había acercado un representante de la Municipalidad de Lima, recordando que tenía una bandera peruana oculta en un falso techo.

Luego de varios minutos de búsqueda, salieron del local edil, un oficial, 8 soldados y los representantes de la comuna, llevando una gran bandera plegada. Era la única que existía en Lima. Con solemne lentitud los soldados fijaron un extremo del pabellón a la cuerda del asta y extendiéndolo, empezaron a izarlo.

Volvía a vérsela, roja y blanca de Junín y Ayacucho, blanco de los Andes y rojo de Arica. Al momento en que subía, la muchedumbre silenciosa cayó de rodillas, muchedumbre formada por huérfanos, viudas, inválidos, solitarios y arruinados en esta infausta guerra. No se escuchó un tambor a una corneta, sólo una palabra que fue creciendo poco a poco...Perú...Perú.


Roberto Mendoza Policarpio
Historiador
C.E. huatiacury@yahoo.com

miércoles, 11 de abril de 2007

1904: EL AÑO QUE PERDIMOS ARICA




Por Juan Carlos Herrera Tello*

Mucho se dice con facilidad que el ex presidente Augusto B. Leguía fue el causante de la pérdida del puerto de Arica en la negociación de 1929. Nada más falso. Leguía sinceró la realidad bajo el espectro internacional que rodeaba al Perú: ninguna posibilidad de recuperar el puerto dentro de los acuerdos de 1883; tampoco por la vía del laudo Coolidge que finalmente había demostrado la impracticabilidad del plebiscito y la presencia del ferrocarril que une Arica con La Paz, construido en base a lo establecido en el Tratado de 20 de octubre de 1904 entre Chile y Bolivia. Es este ferrocarril el causante real de la pérdida de Arica, ya que su importancia comercial, su estratégico emplazamiento y los derechos que sobre él tienen Chile y Bolivia impedían que un tercero como el Perú se beneficie de este polo de desarrollo al momento de recuperación de su puerto. La historia de las relaciones diplomáticas de Bolivia con Chile y Perú, son por decir lo menos, contradictorias; el motivo de ello es exclusivamente su frustrante acceso al Pacífico con el propósito de terminar su enclaustramiento. Desde su nacimiento como república, Bolivia pretendió Arica y como el Perú no permitió la desmembración de territorios poblados, motivó que casi ambos pueblos se fueran a la guerra. Tanto Arica como Tarapacá se habían consolidado como peruanos pero, más al sur de este último departamento, se encontraba un territorio que estaba bajo administración del Virreinato del Perú de acuerdo a una Real Orden dada el 1º de octubre 1803, y posteriormente confirmada por otra el 17 de marzo 1805. Este territorio era el antiguo partido de Atacama que fue ocupado por el Mariscal Sucre y entregado a la nueva república de Bolivia como su costa, sin la oposición del Perú. Este acto de usurpación por parte de Sucre con la aceptación, anuencia o dejadez del Perú, fue básicamente porque estábamos bajo el influjo de Bolívar, quien era Presidente del Perú. Fueron peruanos como Hipólito Unanue, natural de Arica, José María Pando y otros ilustres ciudadanos que no permitieron en ese momento la segregación de Tacna, Arica y Tarapacá a Bolivia, mientras que esa zona inhóspita y casi despoblada pasó a manos de Bolivia, país que no tuvo el tiempo suficiente para desarrollar su litoral, porque le tenía ocupada las constantes revueltas de su clase política, mientras que las pocas actividades comerciales las realizaba por el puerto de Arica.

LA PESADILLA DE LA CONFEDERACIÓN

Cuando se concretó la Confederación Perú – Boliviana, el Perú fue partido por la mitad, y Bolivia mantenía su unidad, lo que constituyó una pesadilla para Diego Portales y la clase dirigente chilena, que veía en ella un factor de preponderancia en el continente, su duración fue corta y Chile le declaró la guerra derrotándola con la ayuda de peruanos. El odio a Bolivia se puso en evidencia cuando el General Gamarra la invadió, muriendo en su intento en Ingavi, luego vinieron los problemas de la moneda falsificada y de escaso valor que Bolivia había diseminado en el sur peruano y nuevamente su reclamo absurdo de tentar el puerto de Arica, fundamentando su proposición en el solo hecho del usufructo, mientras que el llamado “Litoral” era olvidado. Descubiertos importantes depósitos de guano y posteriormente salitre por ciudadanos chilenos en el litoral boliviano, comienza el conflicto y la pérfida acción de Chile para realizar un canje de territorios al pretender ayudar a Bolivia en ofrecerle una salida al océano por los territorios peruanos de Tacna, Arica y Tarapacá a cambio de su entonces ya rico litoral.

LA ALIANZA SECRETA.

En 1873 Perú y Bolivia suscriben un acuerdo secreto de Alianza Defensiva contra cualquier agresión extranjera. Este Tratado es el que arrastra al Perú a la guerra en 1879, cuando el presidente boliviano Hilarión Daza, violando el Tratado de 1874 con Chile, eleva el precio del quintal de salitre e insta al Perú a que acuda en su defensa argumentando el pacto de 1873. Fiel a sus compromisos el Perú se involucra con el aliado y desarmado enfrenta la lucha. Luego de los primeros reveses de la guerra, Bolivia se retira de la contienda y se produce la “retirada” de Camarones; un golpe de Estado destituye al presidente Daza y los bolivianos intentan borrar la mancha de su ejército regresando al teatro de la guerra, ya esta vez en Tacna, en la batalla del Alto de la Alianza, donde el ejército aliado es destrozado y nunca más Bolivia participa en las operaciones bélicas. Abandonado a su suerte, el Perú asume toda la carga del conflicto absolutamente solo. El tratado de 1873 probó pues ser el pretexto de conducir al Perú al desastre. Perdida la guerra, destruidas las industrias, ocupadas sus principales ciudades y aniquilados sus ejércitos el Perú tuvo que firmar el Tratado de Ancón con un Protocolo anexo donde se demuestra la verdadera intención de un enemigo implacable; mientras Bolivia escudándose en sus alturas espectaba la aniquilación de su aliado y solo firma un Pacto de Tregua manteniendo la posibilidad de obtener alguna costa a futuro. En mayo de 1895 se firma entre Chile y Bolivia un Tratado y dos Protocolos Complementarios en el que se formulaba lo siguiente: a] Tacna y Arica pasan a poder de Bolivia en caso Chile gane el plebiscito estipulado en el Tratado de Ancón y, b] Si Chile no gana el plebiscito se compromete a ceder la caleta de Vitor hasta Camarones. Bolivia realizaba este tipo de acuerdos conociendo el sufrimiento de la población peruana en aquellas ciudades, sabiendo que la situación jurídica de Tacna y Arica dependía del plebiscito a realizarse y, lo que es peor, perjudicando a su antiguo aliado. Este acuerdo no prosperó, no por culpa de Chile sino por la misma Bolivia que en noviembre de 1896 trató de cambiar la esencia de los Pactos, proponiendo ser ellos los que escojan el puerto en la costa de Chile y porque cedieron a la Argentina la Puna de Atacama que se encontraba en posesión de Chile por el Pacto de Tregua de 1884. Sobre esto escribió en el año 1900 don Luis Orrego Luco en su libro “La Cuestión Boliviana” lo siguiente: “No creemos que exista en la historia americana ejemplo alguno de duplicidad semejante a la empleada por Bolivia en la época de los tratados chileno-bolivianos del 95; ni cabe mayor audacia en la política internacional de un pueblo que usufructúa su situación para quebrantar todos sus compromisos, uno a uno, para burlar todas sus promesas, para levantar el engaño y el fraude como sistema de política internacional permanente”.

LO QUE HIZO BOLIVIA

Bolivia firma el Tratado el 20 de octubre de 1904, un 20 de octubre tal como Chile impuso la firma del Perú en el Tratado de Ancón pero sin que su capital haya sido ocupada, sin disparar un solo tiro y viviendo en democracia, con dos presidentes que se sucedieron y llevaron adelante la negociación, y realizando una acción más contra su antiguo aliado, permite en la cláusula tercera de dicho tratado la construcción de una vía férrea entre Arica y La Paz, cuando Chile no tenía soberanía sobre el puerto. El ferrocarril de Arica a La Paz es el principal escollo que tendrá que sortear el Perú para que Arica vuelva a su soberanía, pero esa importante vía de comunicación era también la principal arma de Chile y el “sine qua non” de sus propósitos para futuro, con lo que Chile empieza a inducir en el Perú la posibilidad de partir el territorio, de tal modo que Tacna quede en el Perú y Arica en Chile. Solución que fue finalmente la del Tratado de 1929. Firmado el Tratado de 1929, fue Chile quien introdujo el artículo 1º en el Protocolo Complementario en donde se establece que ni Chile ni Perú pueden ceder a una tercera potencia los territorios materia del acuerdo. Pero ¿por qué la sorpresiva inclusión de ese artículo en el Tratado? La respuesta a esos antecedentes la encontramos en el texto “Después de la Paz...” de Conrado Ríos Gallardo, donde desmenuza con habilidad el derrotero de las relaciones internacionales de Bolivia con Chile e inclusive con adjetivaciones contra ese país, su diplomacia y su clase dirigente; examina las idas y venidas de Bolivia y aclara a esa nación su falta de honradez hacia el Perú que se inmoló defendiendo su causa; no solo esgrime Ríos Gallardo su falta de ética con su antiguo aliado sino también destaca la molestia de Chile cuando Bolivia vende la “Puna de Atacama” a la Argentina, en momentos que estaban en negociaciones con el propósito de obtener un puerto; esta falta de criterio de las autoridades bolivianas estigmatiza a la clase política de Bolivia de aquella época. Bolivia no reclama una salida al mar al año de suscrito el Tratado de 1904, ni menos en la construcción del ferrocarril de Arica a La Paz iniciado en 1906, tampoco al culminar dicha construcción en 1913 sino recién en 1919, 14 años después de suscrito el tratado de límites, y este reclamo lo fundamenta por territorios que fueron peruanos, territorios que se encontraban en situación de definición de su nacionalidad y que el clamor nacional peruano tenía la confianza en su reincorporación. No pidieron una salida por sus antiguos territorios.

¿TACNA Y ARICA A BOLIVIA?

Aunque parezca absurdo el pedido de salida al mar que Bolivia solicitaba nació por obra y gracia del ex presidente Montes, aquel que inició las negociaciones del tratado de 1904, el mismo que renunció a la costa a cambio de dinero y facilidades portuarias en Arica y Antofagasta, este sujeto en carta dirigida al Ministro de RR EE de Francia, cuando ocupaba el cargo de Embajador, escribió que “Bolivia tiene intereses superiores en las provincias de Tacna y Arica actualmente en disputa entre Chile y Perú”. “Chile y Perú, tienen razones de orden político mientras que a Bolivia le asiste la historia y la tradición porque Arica ha sido en todo tiempo el órgano natural de expansión comercial”. Finalmente agrega: “La Liga de las Naciones dictará un fallo justiciero conforme con los antecedentes jurídicos, históricos y geográficos... implicando la reincorporación de los territorios de Tacna y Arica a Bolivia”. Esta nota causó indignación en el Perú y a raíz de ella se emitió la respuesta de Torre Tagle: “Cuando una nación ha dado al mundo ejemplo de firmeza para reincorporar a su seno las provincias que nos arrebató una guerra de conquista, no hay el derecho y menos que nadie en quien compartió los azares e infortunio de la contienda de disputarle el señorío de territorios cuya población ha mantenido incólume a través de varias generaciones el sentimiento patriótico peruano”.Este es el legado de la generación que defendió los intereses peruanos en las provincias cautivas, y este legado no puede ser olvidado porque la frontera que se trazó en 1929 tiene como tinta la sangre de peruanos que murieron por defender su territorio y tiene además el perfil del trazo del ferrocarril de Arica a La Paz, trazo que hizo Bolivia en 1904. La solución al problema de mediterraneidad de Bolivia se daba si Chile no hubiese construido la vía férrea en Arica o que Bolivia no le acepte semejante trato, de tal modo que Chile con el correr del tiempo hubiese entregado las provincias peruanas a su legítimo dueño, y como Tarapacá había sido cedida perpetua e incondicionalmente a Chile, fácilmente por ese territorio se le hubiese dado una franja a Bolivia; esta tesis fue esbozada por el profesor chileno Carlos Vicuña Fuentes, motivando su expulsión de la cátedra. Si lo que Bolivia desea es un bañadero en el Pacífico por una franja en el norte de Arica, dudo mucho que el Perú acepte, y tal vez proponga una fórmula similar a la ya presentada a Chile en 1976, es decir, la soberanía compartida en el puerto de Arica; al final fue Chile el que violó el Tratado de Ancón y la solución de la división territorial perjudicó al Perú. Lo que Bolivia debe de definir es qué tipo de salida quiere al océano, es decir “la reivindicación” con lo cual la salida soberana deba ser por los territorios que fueron bolivianos; o “una simple salida al mar” para satisfacer a un pueblo que solo quiere ver el océano sin la posibilidad de construir un puerto; o seguir perjudicando al Perú y salir por Arica olvidando los derechos de servidumbre establecidos en el Tratado de 1929.

EL ENCLAVE

Creo que Bolivia, si Chile lo permite, debe salir por territorios que no afecten la continuidad territorial chilena, y por donde fueron indudablemente bolivianos antes de 1904. Esta salida es única y se llama “enclave”, y puede ser un puerto actual como Tocopilla o Mejillones, o uno por construirse, y para la comunicación con tierra establecer un corredor conectado al territorio boliviano, sin perjuicio de la soberanía que a Chile le corresponde a ejercer. Es obvio que Bolivia es la culpable de su encierro, y no puede reclamarle nada a Chile que ya le dio concesiones, ferrocarriles y dinero, al final es lo que quiso, es lo que firmó, es lo que debe cumplir y debe de comportarse como nación civilizada respetando las normas que el derecho internacional impone.

* Abogado, Asesor en Asuntos Internacionales
Publicado en el Diario “La Razón” de Lima - Perú